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El día de Navidad

Papa-NoëlJosé Antonio López
Memorable.

Pedazo Nochebuena nos marcamos anoche. Encontramos los langostinos perdidos y el cordero y las albóndigas estaban en su punto.

Cantamos villancicos, ya saben ustedes, el de los pastores, el de la Virgen y San José… dejamos a los peces bebiendo en el río y abrimos los regalos que nos trajo Papá Noël. Todo felicidad.

Vamos a la realidad.

Son las 10 de la mañana del día de Navidad. En el comedor hay un combate silencioso para ver quién tiene la razón de cómo quitar la resaca.

Uno de los bandos opina que hay que tomar cerveza. Otro bando, que un gin tonic, que es con lo que cogió la cogorza. El tercero, que mejor un Bloody Mary, como los que tomaban las estrellas de cine. Un cuarto se decanta por cantidades industriales de agua, según la teoría de las células secas que…

Todas las mociones aprobadas menos la del agua cuyo ponente ha acabado en la bañera.

Nunca se asistió a un debate con tan poco volumen de voz. Shhhh… y no precisamente por no despertar al resto del personal.

Pies juntillas cada uno por su antirresaca y reunión general para ver los calcetines que te ha dejado Papá Noël.

¿Para qué escribes cartas si siempre te traen lo mismo?

Al cuñao le han traído un par de tirantes. Tiene guasa. Y al amigo pesao una botella de colonia de esas que anuncian en la tele y que sólo la llevan los tíos guapos, que ligan y que hablan en inglés. (Ya sé que todos los anuncios de colonias son iguales, pero tenía que nombrar a alguno. Perdón).

Pedazo oculista para el Nöel que se ha equivocado de persona, pero de cabo a rabo.

Tras la media hora de tomar la “medicina” alguien sienta cátedra manifestando que “ya se ha equilibrado el nivel de alcohol en sangre, con lo cual está todo perfecto.”

Como debe ser. Que en teorías de cómo ponerse bolinga, y repetir, hay multitud de maestros.

Comienza a moverse el resto del personal. Recuento. Están todos menos el adolescente, el del pavo, que estará, todavía, a la caza de la pava. Sonrisa generalizada del personal masculino recordando viejos tiempos. Sonrisas y añoranzas. Decepción cuando, horas más tarde, se encuentran, al adolescente, debajo de una cama.

Segundo recuento por parte de las señoras del hogar. Hay que preparar el menú.

“Ha sobrado de todo, por lo que el cocido lo dejamos para otro día. Pero es que es tradicional comer cocido en Navidad. Sí, pero con lo que ha sobrado tenemos para un mes. Pues se congela. Todavía queda Nochevieja y la noche de Reyes. Croquetas para todos. Y si sobra algo más que ¡hay que ver lo exagerados que sois comprando! se guarda para el día de los enamorados.”

Pues todos de acuerdo. Aperitivos, sopa y cocido. Como manda la tradición y menos zarandajas.

Los que comparten casa lo tienen más fácil. Sólo hay que cambiar de habitación para enfrentarse a la comida de la Navidad.

Los que han de trasladarse “a casa de los familiares” lo tienen un poco más difícil porque hay que arreglarse “de domingo”, poner cara de alegría, tomar el bicarbonato, meterse un calcetín en el bolsillo para que vean fastuoso regalo los otros familiares y convencer a los niños de que el Noël ha traído más regalos en casa del cocido navideño.

Gozo por todos sitios.

No se me pongan tristes que es Navidad.

Como la de todos los años, pero con otros matices.

Ande, colabore en que todos sean felices, al menos por una vez.

Si ha sobrevivido a la Nochebuena… esto es pan comido.

Por favor, cuando tome la primera cucharada de sopa y mire, de reojo, a ese familiar que tan bien le cae no sonría pensando en la Nochevieja.

La venganza no es siempre un plato que se sirve frío.

Peor sería que le regalasen unos tirantes.

O una botella de colonia de esas que… usted ya sabe.

El adolescente ha salido de debajo de la cama.

Feliz Navidad.

Un comentario en El día de Navidad

odracir el 26 diciembre, 2014 a las 12:57 pm:

que los tirante te sienten bien y cuidado con la colonia. FELIZ NAVIDAD

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