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El del Cabanyal ya sonríe… !Tomemos los Mercados!

Jaime Nicolau
Hoy voy con una historia personal. Por primera vez desde hace muchos sábados (¡¡¡creo que 12, tres meses!!!), he vuelto al Mercado del Cabanyal. Ingenuo de mí creí que podría aparcar fácilmente y, si me descuido, no puedo ni dejar el coche en el parking. Subía las escaleras que llevan a la calle pensando en si me había perdido algún acontecimiento importante en el barrio. Pero no. Había cola para entrar de manera ordenada al mercado. Antes de entrar, dejen salir, mascarilla incluida obviamente. Con mi familia, como siempre.

Llegado mi turno empezamos a callejear en el mismo orden de siempre, manías. Pronto notamos que el mercado tiene mucha vida. Más de lo normal un sábado a las 12:30 h, que es ya algo tarde pese a tener el aforo reducido. Es una alegría enorme.

Llegados a la zona de pescadería, directos a Bianca, como siempre. Sepia sucia de playa, dos patas de pulpo cocido como el brazo de un humano, zamburriñas y galeras de playa. No le quedaba clòtxina valenciana pero su compañero del puesto de enfrente ávido sale al cruce, kilo y medio a la bolsa.

De ahí a ver a Rafa. Patatas y cebollas de las que cría con su hermano en la huerta de Alboraya. Me dice que no me lleve pepinos aún, que la semana que viene ya tendrá de los suyos. Mi hijo de 11 años no ha entendido por qué no me ha dejado llevarme los que tenía. Ha tardado dos minutos en darse cuenta solito. La confianza con el cliente se cultiva así. Tomates del Perelló sí nos ha puesto. Nos queda la fruta. Hoy he descubierto que los albaricoques ‘naranjas’ no son los de toda la vida. Los que comíamos siempre estaban al lado, verdes aún a la vista, pero listos con dos días de frutero. Hoy no toca más, la carne o embutidos artesanos los dejamos para otro día.

A las 13:45 estábamos en casa. Dos patatas de Alboraya al fuego nada más llegar para hacer la cama al pulpo. Y así ha ido desfilando todo a la mesa. Mi hijo tenía pizza como plan B. Hemos comido como reyes con productos DE AQUÍ. Hemos hecho gasto a unas familias que esta mañana ya dejaban ver media sonrisa por debajo de la mascarilla porque el mercado tenía vida. Y la pizza ha quedado para esta noche. No hay más preguntas señoría. Estas lecciones no las enseñan los libros. Tenemos un producto que es un espectáculo. Consumamos proximidad. Volvamos a los mercados. Sé que me saldrá alguno con que en el súper ahorra. Seguramente que sea así, pero la calidad que te da el producto local no la busques en otro lado, porque no existe.

Ojalá y no sea un espejismo y todos hayamos tomado conciencia de que los De Aquí, los que se han jugado el pellejo durante el confinamiento para llenar nuestras neveras cavando de verdad en el campo o pescando en el mar, necesitan que les devolvamos todo ese esfuerzo con nuestro cariño. ¡Tomemos los mercados!

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