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Déjate seducir por el mundo del vino

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Cuidao, Pepe. El gorrón ataca

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José Antonio López
Es de verdadero pánico. Este año, el gorrón, tiene más tiempo y posibilidades para amargarle el día. Si usted celebra su santo o es padre, manténganse en guardia, del golpe en la espalda, no se libra ni el Tato.

“Felicidades, enhorabuena, que disfrutes tu día”. Estás en la barra de una cafetería tomando un vino para celebrar que ya se acabó el trabajo de Fallas y ahora te toca a ti. Has ahorrado un año para poder pagar los dos euros que vale el vino tuyo y de tu amigo (cuatro euros con cacahuetes). Un día es un día. La casa por la ventana. Hay alguien, que no conoces, a tu lado, que interviene con una sonrisa que quita el hipo y te felicita… “Perdón, ¿nos conocemos de algo? Además, hoy no es mi santo y la verdad es que…”

Acabas de pifiarla. El gorrón te ha estudiado y está dispuesto a tomar unos vinos a tu costa, cueste lo que cueste… “No me fastidies, claro que nos conocemos, tú eres el alma de tu empresa, sin ti, no funcionaría…” y traga el contenido de la copa al tiempo que hace una señal al camarero, para que vuelva a llenar la suya, la tuya y la de tu amigo, no. “…Y ya sé que no te llamas José, pero no me negarás que no es el mejor momento para felicitarte en el Día del Padre. Como sabes, ni me llamo Pepe ni tengo hijos”, con lo cual te corta la retirada…

Y te encuentras con una cara de gilipollas que no la aguanta nadie. La mano oculta en el bolsillo, cuenta las cuatro monedas previstas para hacer frente a los dos vinos igualmente previstos, pero no hay más para invitar al espontáneo que es más que tu hermano (al parecer) y que no conoces de nada.

Y el gorrón aumenta el volumen de su voz para que la parroquia asienta sobre la tremenda amistad que os une. Y lo que es peor, sabe que tú, contando las monedas, no serás capaz de intentar desmentir a tan afable amigo.

Va por la cuarta copa. Tú y tu compañero, con las órbitas que se salen de los ojos y con una sonrisa que raya la tragedia. Cuatro monedas, cuatro. El nota sigue pidiendo.

Toda la cafetería clama a voces FELIZ DÍA DEL PADRE Y DE TU SANTO y te quedas cada vez más pequeño cuando no sabes decir que te llamas BONIFACIO y, no sabes si por el nombre, no eres ni posiblemente serás padre.

Y vas cambiando de color por la humillación mientras que el gorrón hace lo mismo por el efecto del vino, al tiempo que comparte con toda la manzana, los recuerdos de una mili (que no hiciste) y la consecución de tu título de ingeniero superior (que no sabes de qué va).

Eres más famoso, en diez minutos, que en los cincuenta años de tu vida.

Y la gente aplaude y ya son vinos los que corren por la barra. La alegría se desborda, todos celebran tu suerte en la vida. Tú sigues contando los cuatro euros del bolsillo y te ves en el cuartelillo.

Alguien levanta la voz y propone un brindis por ti, por tu amigo y por todos los Josés y Padres que hay en el bar. Junto a la celebración, solicita que, entre todos, paguen las copas de todos.

Hay unanimidad y subida de alcohol. ¡Viva!

Y te vas a casa con medio tablón y en olor a multitudes. En el bolsillo, los cuatro euros y te das cuenta que LOS MILAGROS EXISTEN.

El gorrón cambia de barra.

FELICIDADES A TODOS

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