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Déjate seducir por el mundo del vino

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Cenizo

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José Antonio López
En unos días vamos a celebrar el veinte aniversario de la salida al mercado de uno de los libros más famosos del mundo. Su título Todo sobre la vida sexual a partir de los 60 años. Autor Epilef Torpas. En 1996, llegó hasta la segunda edición, que ya es, y todo se paró cuando Fede compró y recomendó el libro. Tanto es así que no sabemos, desde entonces, del paradero del autor, gran amigo, por cierto.

Fede es una de esas maravillosas personas que quieren que estés con ellas y no escatima medios ni oportunidades para conseguirlo. Si hay que viajar, se viaja. Si hay que almorzar, se almuerza. Si comer, cenar o irse de copas, se va. Él siempre invita. Nunca se le olvida la cartera o va al servicio a la hora de pagar.

Es amigo de sus amigos y los adora… otra cosa es la adoración de los amigos por Fede.

Y no es que sea mala persona, pero tiene un punto que…

Con motivo del aniversario del libro, un grupo de amigos, nos hemos sentido obligados a ir con Fede y al montaje que ha hecho para celebrarlo. El autor sigue “extraviado” y la editorial no ha vuelto a recuperarse.

Nos hemos puesto, todos los que no hemos tenido escapatoria, un lazo rojo, una estampa de la Virgen predilecta y hemos rezado tres Padres Nuestros. Salva, se ha encomendado al Dalai Lama. Aquí, cada uno a lo suyo con todo respeto.

¿Que exagero?

Evidentemente no conocían a Fede en el restaurante seleccionado. La reserva la hizo por teléfono y, aun así, el jefe de sala reconoció, tras la comida, que le había dado un pasmo de frío al aceptar el encargo.

No hay nada peor que pelar langostinos con cuchillo y tenedor. “Lo he aprendido este verano”. Y la batalla comienza cuando un langostino volador cae en la cabeza de un buen señor y el siguiente en el escote de su señora. Fede insiste. El maître se lleva un langostinazo en la frente y el resto del comedor levanta las servilletas en plan de protección. El pantalón blanco de Pablo luce un color rojo envidiable. Tres copas, tres, han derramado su líquido por doquier. El otro doquier es el pantalón de Pablo, ya mencionado.

Mientras limpian el vino del suelo Fede levanta su copa para brindar al tiempo que tira de su servilleta y con ella el plato que tenía con un langostino que le quedaba, tres huesos de aceitunas y, en su interés por no manchar a sus comensales, lleva a toda la mesa al desastre.

Pide perdón y se le acepta. Los amigos y gran parte del público asistente, animan a los camareros a que sirvan la comida cuanto antes por el bien de todos.

La paella, pasó bien salvo la palmada en la espalda, dada en mal momento, que hizo que se atragantara uno de nuestros amigos con un hueso de pollo. No contaré que el bautismo del vino siguió hasta que todos nos llevamos el bonito recuerdo en el pantalón y en la camisa.

Cuatro copas de vino y comienza a contar chistes. Los mismos de siempre y, pensando que somos sordos, repite el final de los mismos alzando cada vez más la voz. Los comensales de la sala comen como posesos, nunca he visto a nadie hacerlo con tanta rapidez. El maître le ofrece a Fede pasar al reservado con los amigos “para continuar la celebración en un espacio más íntimo”.

Hip, hip por el libro y el helado de coco danzando por la sala tras ser catapultado desde una cuchara parlanchina.

La madre que…

“Si es que no sé que me pasa, que todo lo que hago me sale mal”. Y el hombre calma sus penas con otro trago que empeora las cosas.

Realmente no sé si Fede es cenizo y si este tipo de personas existen. En algo creo y más de uno de ustedes conocerá a alguien… con un punto.

Lo importante es animarles. Que no bajen su autoestima y, cuando la tengan alta, que estén lejos de nosotros.

Esperaremos veinte años más para celebrar lo del libro, mientras tanto, saludaremos, a Fede, al que queremos, respetamos y apreciamos… a lo lejos.

Si no que se lo pregunten al dueño del restaurante.

Y que conste que dejó una buena propina.

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