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Déjate seducir por el mundo del vino

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A Toni le ha tocado la lotería

loteria-trituradora

José Antonio López
A nadie en sus cabales, excepto que sea una emergencia tipo nuclear de aquí te espero pero no vengas, se le ocurre llamar a un amigo a las tres de la mañana.

La llamada de Eduardo informaba de algo mucho peor que lo del desastre nuclear.

Fue directo al grano.

Tras averiguar de dónde procedía el ruido, en qué lugar se encontraba el maldito aparato y recibir dos “galletas” por parte de la parienta que, con razón, mascullaba después del sobresalto y comprobación de que no era un problema familiar, “no son horas, no son horas,” la noticia resonaba en mi cerebro, aún dormido: “A Toni, le ha tocado la lotería”.

Horror, “añadió”.

Toni es un buen amigo.

Nació soltero. Ya, ya, ustedes me dirán que todos nacemos solteros, pero este no es el caso que nos ocupa.

La enfermera que entregó a Toni a sus padres no les dijo si era niño o niña, simplemente se limitó a decir “enhorabuena, han tenido ustedes un soltero”.

Pues eso.

A lo que vamos.

Pese a ser una hora tan intempestiva, los tres amigos “íntimos” del agraciado y lejos de preocuparnos la cuantía del premio, (amigo íntimo para el prota es aquel que le presta dinero cuando lo necesita, o sea siempre, le acoge en su casa cuando viene de cogorza y está de acuerdo con él de que “el estado perfecto del hombre es soltero y borracho”) pese a todo lo dicho anteriormente, quisimos hacer las maletas y poner pies en polvorosa.

Fue imposible.

Houdini ese, el escapista, no tenía ni punto de comparación de cómo bloquear el escape de sus “amigos del alma” por parte de Toni.

La realidad es que nos encontramos, unas horas más tarde, sonriendo y alabando la buena suerte de nuestro amigo y aceptando una invitación suya a comer “en el restaurante de más lujo de Valencia”.

“Pago yo”, añadió.

Toni siempre ha sido de tascas, de ensaladilla rusa y de sardinas de bota con ñoras murcianas, pimientos y patatas.

Qué quieren que les diga, alabo su gusto, a mí también me encanta esta comida, lo malo es que, a diferencia de otros, él se quedó en esto y, como mucho, añadió a su evolucionada dieta, el foie, palabra que descubrió y cuidó para no llamarle paté, que quedaba anticuado y además, no era lo mismo.

Desde el restaurante, divisamos Valencia a nuestros pies.

De Norte a Sur, de Este a Oeste. Preciosa ciudad, la nuestra.

Pregunto a mis amigos si alguien ha avisado al restaurante en cuestión, de quién es el anfitrión.

Todos hacen mutis por el foro.

Cobardes.

Me uno al mutis.

Nos ha hecho poner de traje. Hasta él lleva corbata. Algo falla porque está más congestinonado que de costumbre hasta que le digo que, desabrochar el botón de la camisa es elegante.

Cambia de color.

Toni es todo amistad.

No nos dice cuánto, cómo, ni dónde le ha tocado la lotería y esto empieza a mosquearnos.

Quiere celebrar su buena suerte con sus mejores amigos.

Sus mejores amigos estamos asustados por su buena suerte, nos huele a encerrona.

“Su amigo ha cerrado la comida de ustedes y ha pagado por adelantado. Las copas, aparte”.

Me tranquiliza la información que recibo de la señorita encargada de la sala. Corro la voz y… empieza el espectáculo.

Toni ya no está morado por falta de oxígeno y se lanza al ruedo pidiendo, en la barra del restaurante “¡Mistela para todos!” bien fresquita y que entona para empezar a comer”.

¡Hala, viva el desenfreno, el restaurante más chic de la ciudad y “mistela para todos” de aperitivo. Manda Webs.

Eduardo se desmarca pidiendo una cerveza y se queda con las ganas porque no tiene opción. No está previsto.

“El anfitrión quiere hacer las cosas a su gusto, según me ha manifestado” informa la encargada de sala con una cara que era todo un poema o un presagio de lo que le venía encima.

Lo que hay que hacer por mantener un negocio.

Estamos en un edificio de doce alturas, a pesar de eso hay quien piensa que atando unos manteles en forma de paracaídas…

“Vamos a empezar con una selección de ibéricos”, relata el anfitrión, “y unas cervezas mientras “descartan” el vino que he pedido.

Ya veis, tan importantes y no tienen Cariñena.

Me han ofrecido un Ribera de Duero que está muy bien. Del año. Joven.

He pedido que lo “descarten” para que le entre el aire antes de servirlo. Seguiremos con un Shasimi (se atasca en la pronunciación) de atún que quita el hipo, al menos eso me han dicho, y acabaremos con cochinillo con patatas panaderas. Todo esto tiene otro nombre, pero me lo han explicado así para que lo entendáis”.

Menos mal que tenemos traductor.

Si ustedes no han estado en una comida con una compañía parecida, no saben lo que es sufrir.

A la quinta copa de vino (mistela y cerveza incluida) todavía no sabemos nada del premio de nuestro amigo.

Lo que sí sabemos es que su nivel de enfado va en aumento conforme van saliendo los platos a la mesa.

Hay risas y alegría, por lo menos lo pasaremos bien.

Otro (y son varios) momento de tensión se produce con la llegada del cochinillo.

Ya les contaré, en otro momento lo del Sashimi.

La cara de Toni es un poema.

Levanta la porción de tal maravilloso plato una y otra vez.

Busca y no encuentra.

Me dice al oído “¿Dónde está el cochinillo? Yo esperaba lo de Segovia, pero esto es un cuadrado que se come de un bocado (bocao, dijo, pero por hacerlo más fino…) Tampoco hay platos para romper y el hombre de la medalla no ha salido…”.

Me da por la nariz que Toni se ha equivocado de sitio.

Intentamos darle ánimos con la alabanza a su buen gusto en la elección del restaurante, de los vinos y del menú… pero no lo tiene claro.

A la hora del postre, nos presentan Milhojas con helado de Chufa.

El plato, perfectamente presentado, se compone de dos hojas de hojaldre colocadas en forma de casita y, debajo, una pequeña porción de delicioso helado de chufa.

“Por favor” dice Toni dirigiéndose a la jefa de sala, “quiere averiguar quién tiene las 998 hojas que me faltan, porque de las mil que me han prometido, aquí sólo hay dos”.

Optamos por el ascensor. Las ventanas estaban selladas y no podíamos saltar atando los manteles.

Estoy convencido de que se equivocó de sitio.

A Toni le tocó la lotería, a nosotros, el reintegro y la pedrea.

A nadie, en sus cabales…

Un comentario en A Toni le ha tocado la lotería

Bombonparati el 26 abril, 2015 a las 6:30 pm:

Comer bien, disfrutar de los amigos, reír
Querido José Antonio ” la vida es bella”

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