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A celebrarlo

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José Antonio López
No me diga que usted es uno de esos pocos afortunados que no le ha tocado una comunión o una boda en este mes de mayo/junio.

Si es así, enhorabuena.

Otros hemos tenido menos suerte que usted.

Y es que nos han invitado a una comunión a la que nos “apetecía” mucho ir. Nada más recibir la invitación nos pusimos en marcha para poder dar cumplida cuenta a lo que se esperaba de nosotros.

Antes, las comuniones eran eso, comuniones, ahora…  ¿les cuento?

Sabíamos que nos tocaba “la china” con un año de anticipación.

Menos mal.

Eso permitió que las señoras tuvieran tiempo de buscar un traje digno del acontecimiento.

Tengo la suerte de tener una familia normal. Sí, de esas que no se complican mucho la vida a la hora de elegir la forma de vestir y de presentarse, pero eso sí, saben, quieren y consiguen estar impecables y originales.

Nosotros, los hombres, somos de otra pasta.

Me explico.

Todos los fines de semana, durante un año, las damas, se han dedicado a buscar un traje y sus complementos que sean, al menos, originales.

Digo originales porque sentarles, les sientan de maravilla. Como a todas las mujeres del mundo.

No hay mujeres más o menos delgadas ni más o menos jóvenes, es que no sabemos medir el tiempo y la ropa no se merece ser llevada por tan insignes sílfides.

Todas son maravillosas, lo que falla es lo otro.

Pues eso.

Servidor tiene un traje de esos del tío Emidio Tucci, (perdón pero es casi de la familia con tanto tiempo como lleva vistiendo, eso sí bien, a los gentleman. Lo de tío, comprobarán que es cariñoso). Menos mal que sólo se toma la comunión o se casa uno una vez (salvo excepciones) porque, de lo contrario, mi traje sería famoso “de fama total” como dicen los modernos porque siempre es el mismo.

No saldría en el Hola pero sí en el Adiós.

No quiero olvidarme de una corbata de Loewe que me regalaron por equivocación y unos zapatos de Gonzalo que no se han hecho con mis “delicados” pies.

Mi cuñado José Ángel, el genial podólogo de Callosa del Segura y del que les he hablado en alguna ocasión, todavía está investigando cómo tengo unos zapatos tan buenos y unos pies tan malos.

La perfección no existe.

Casi un año en buscar el conjunto de las damas y me parece muy bien.

Han estado entretenidas, han disfrutado de la moda y han conseguido unos modelos estupendos a un precio mejor.

Hay que saber comprar. Darán la campanada. Están guapísimas.

Lo mío, como habrán podido comprobar, mucho mas rápido.

Y a la celebración.

A pasar un día inolvidable… en Murcia.

Magnífico.

En una urbanización que se llama La Alcaina o algo por el estilo (perdón a todos los murcianos a los que quiero y admiro). Sencillo de llegar y estupendo para disfrutar.

Nunca he sido un buen copiloto.

Los navegadores no se me dan bien.

Sé llegar hasta Murcia, muchos de ustedes saben que gran parte de mi familia vive allí, pero nunca supuse que ir por la salida Universidad/Molina del Segura me llevara a conocer la Murcia profunda, llegar tarde al evento y sufrir todos los merecidos improperios de mi familia y …

Llegamos al último canapié.

En ese intermedio nos estaba buscando media ciudad que ya conoce mis dotes de orientación.

Esto quedaría en una simple anécdota a no ser porque, con un servidor, venían cuatro coches más de Valencia, llenos con unas maravillosas señoras que tardaron un año en elegir sus preciosos vestidos y unos señores a los que mi cuñado investiga por lo mal que tienen los pies.

Y quedan dos meses de celebraciones.

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