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Variedades valencianas: Por sus uvas los conoceréis

12 diciembre, 2020

Bobal.

Jaime Nicolau

Que el mundo del vino está dando un giro hacia lo autóctono es indudable. En un mundo globalizado y un mercado muy competido pelear con lo que identifica y lo que te diferencia, suele ser el camino más corto al éxito. Si hace unas décadas la moda era apostar por las llamadas «variedades mejorantes» francesas, incluso arrancando castas autóctonas, hoy pisan fuerte precisamente estas castas. Paradojas del destino, aquellas mismas que empezamos a arrancar como si no hubiera un mañana. Afortudamente, poco a poco, el sentido común ha vuelvo a poner en el escenario las uvas que tradicionalmente se han cultivado en las zonas productoras de la Comunitat Valenciana por dos razones: son las que mejor se adaptan a las condiciones de cada zona y son las que nos pueden dar tipicidad y diferenciación más allá de las modas. Eso es mirar al pasado para construir el futuro.

Vamos a repasar en un maravilloso viaje, todo lo bueno que nos ofrecen variedades como bobal, monastrell, arcos, mandó o giró para los vinos tintos. O la moscatel, merseguera, tardana, malvasía o verdil en los blancos.

Monastrell.

Vamos con los tintos. La Bobal es una variedad que comparten la zona productora de Utiel-Requena y las vecinas Manchuela y Ribera del Júcar. Durante décadas se consideró una variedad óptima para granel. Durante años se arrancó para plantar foráneas o incluso variedades blancas para cava. El arranque estaba subvencionado. !Qué barbaridad!. La apuesta de algunos viticultores, especialmente Mustiguillo y Toni Sarrión, por demostrar que era apta para elaborar tintos de calidad si se trabajaba a conciencia desde la viticultura, abrió el camino a una época mágica, la que vive ahora. La bobal está de moda. Con ella se hacen enormes tintos y brillantes rosados. Utiel-Requena ha metido ese «mensaje en una botella», en millones de ellas, y las ha lanzado a ese mar que es el mercado internacional. Las hectáreas de viñas viejas de esta variedad son un patrimonio enorme. Enormes también Materia, Bobos, Las Mercedes o el trabajo de Pasión de Bobal, Coviñas, Pígar, Sexto Elemento o Sentencia. Otra casta tinta de enorme importancia en la Comunidad Valenciana es la Monastrell, emblema de las Denominaciones de Origen Valencia y Alicante. Excepcional también el trabajo en las Denominaciones murcianas. Elegancia y personalidad mediterránea, especialmente cuando los vinos proceden de viñas viejas plantadas en vaso. Excepcional el trabajo que se está haciendo con ella en el sur de la provincia de Valencia y la provincia de Alicante. Seguimos con otras tintas minoritarias que han recobrado enorme fuerza. ¿Y qué decir de los fondillones alicantinos? Pura magia. Excepcional también el trabajo en Terres dels Alforins con variedades casi desaparecidas como la Mandó, la Arcos o la Forcallà de la mano de Pablo Calatayud, Rafa Cambra o Javi Revert, situando estas variedades entre los vinos más valorados por críticos de la talla de Robert Parker. En el alicantino Vall de Pop han apostado por la Giró para algo más que para hacer excelentes mistelas. Es diferencia y sutileza. Es monte, es mar… y de aplaudir el trabajo de Gutiérrez de la Vega, Bodegas Xaló o Pepe Mendoza, pero también de Curii, Manu Guardiola, Aida i Luis o Cap de Nit.

Moscatel.

Pasamos a las variedades blancas entre las que reina la Moscatel. Brillante el trabajo con las mistelas alicantinas de La Marina, mención especial para Teulada y Moraira, o la subzona valenciana Moscatel, con productos de tanta tradición como los elaborados por La Baronía de Turís. Pero la moscatel es también una casta excelsa para los blancos secos. Mostró el camino hace décadas Felipe Gutiérrez de la Vega y se han sumado muchos productores. Es esencia mediterránea en estado puro. Otra casta que suma adeptos es la Merseguera. Otra vez Toni Sarrión apostando por un trabajo sincero durante años hasta obtener de su Finca Calvestra blancos excepcionales. El movimiento contagia y se trabaja de manera seria también en el Alto Turia valenciano. Si viajamos al sur de la provincia de Valencia encontramos la Verdil. Otra variedad «en peligro de extinción» a la que recuperó con brío Dani Belda y que hoy brilla en firmas como Bodegas Enguera, incluso con su vino de hielo, Arráez o Clos Cor Ví. Lo mismo podemos decir de la Malvasía, de la mano de Valsangiacomo o Clos de Lôm. Por último, la maravillosa Tardana. Esa que es la última en entrar a las bodegas en vendimia y por la que con tanto gusto han apostado bodegas como Vera de Estenas.

Una paleta de colores que huele y sabe a mediterráneo y que es capaz de pintar lienzos que conquistan a los amantes del vino, que se aplican aquello de «por sus uvas los conoceréis».

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