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Rosalía Molina y sus vinos naturales triunfan en los Decanter World Wine Awards 2020

16 marzo, 2021

Pepelu González – Fernando Murad

Rosalía Molina demuestra, con cada una de sus palabras, la admiración y la pasión que tiene por el mundo del vino. Fundadora, junto a su marido, de la Bodega Altolandon, expone, con la misma ilusión que el primer día, la importancia que la naturaleza tiene en los cultivos, ya sea por la altitud en la que se encuentren los viñedos, o por las fases lunares. No se conforma con poco, a pesar de que tres de sus vinos han sido, recientemente, galardonados por la revista británica Decanter, busca seguir aprendiendo con el punto de mira fijado en conseguir hacer el vino de sus sueños.

P- En 2019 teníais 150 hectáreas. ¿Habéis ampliado vuestros terrenos?

R- Sí, a día de hoy tenemos en torno a doscientas hectáreas. Hemos puesto un “poquillo” más porque había gran parte de parcelas sin plantar y se utilizaron para completarlas este año. Hemos seguido plantando un poco más de lo que teníamos y alguna cosa nueva y ahora pues… estamos en doscientas, así, redondas.

P- ¿Cómo es vuestra bodega?

R- La bodega está en el centro, como ya te he dicho tenemos 200 hectáreas divididas en dos partes. En una, prácticamente, tenemos todos los tintos y en medio de esta está la bodega. La otra la tenemos a unos dos kilómetros, en la otra parte del pueblo, en un paraje que llaman Mijares. Es un sitio muy bonito. Ahí está prácticamente toda la blanca. 

Por un lado tenemos los depósitos, hemos ido improvisando. La bodega era diminuta y teníamos todo metido a presión. Conforme hemos ido creciendo, en estos veinte años, hemos ido ampliando. Al principio era solo una nave, ahora son tres. En una está toda la parte de elaboración, ahora hemos hecho una nave solo para las tinajas, después tenemos la de embotellado, donde se encuentran los botelleros, la embotelladora y la etiquetadora… Y, ahora, hemos terminado una nave de barricas nueva, súper bonita. Así lo tenemos organizado [ríe]

P- Vuestros vinos son vinos de altura, sobre 1100 metros. ¿Qué características le aporta a vuestros vinos esa altitud?

R- Nuestra bodega está en Landete, un pequeño enclave entre Valencia, Teruel y Cuenca. Estamos en una planicie, una llanura rodeada de montañas y hace que en el periodo de maduración exista una gran diferencia térmica entre la noche y el día, aproximadamente de 20 grados. Esta altitud sobre todo aporta frescura. Estas características hacen que tengamos una acidez natural brutal, algo que es complicado de conseguir y más con el cambio climático. 

Cuanto más alto, más pobre es el suelo. Esto supone una menor cantidad de producción pero una mayor calidad. Por otro lado, donde estamos, siempre hace viento, esto hace que cuando llega el momento de que las uvas están expuestas al sol, siempre están aireadas, lo que sirve para no tener plagas. Aquí hace un clima muy frío, las plagas no lo resisten. Por ello no necesitamos utilizar productos químicos, lo hacemos todo de manera natural. 

P- ¿Cuántas referencias de vinos estáis haciendo ahora mismo y con cuál de ellos te defines más?

R- Eso no se puede decir. [ríe] Nosotros tenemos dos líneas de vinos, los Altolandon y, hace tres años hicimos una gama nueva que se llama Mil Historias. En esta tenemos siete monovarietales que nos han dado muchas alegrías, por lo que les tengo mucho cariño. Ahora estamos con los vinos de tinaja, que están súper ricos. Si tuviese que quedarme con uno de mis vinos, por su nombre, diría Altolandon. Fue el primero, marcó nuestro comienzo, para lo bueno y para lo malo. El vino en sí… quizá no sea mi favorito para cualquier momento, pero en cuanto a lo que representa… es al que más cariño le tengo, desde luego. 

P- Hablando de los vinos de tinaja. ¿Crees que es más una moda o que le da cierta calidad al producto?

R- Hombre, es una moda, obviamente. Mi experiencia no es tan amplia como para haber pasado por muchas modas de vino. Cuando empecé sí que estaban de moda los vinos de Rioja. De mucha barrica, sabor a madera, a café con leche… era una moda. 

Esto ha ido evolucionando a todo lo contrario, desembocando en esto, en vinos súper frescos. Ahora todos buscamos el cemento, la tinaja y cualquier cosa que no le aporte nada al vino, pero que sí que te permita hacer una crianza con su lía. La tinaja, como ya se ha comprobado, da resultados excepcionales. Todos hemos vuelto a emplear estas prácticas, pero es una moda, es una moda. [ríe]

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P- ¿Qué variedades empleáis en la elaboración de vuestros vinos?

R- Nuestro lema es que todo sea ecológico, los vinos son prácticamente naturales. Nuestra bodega está en un entorno precioso. Esto no es solo un certificado, es un poco un modo de vida. Es el respeto a ese entorno que tenemos. Nosotros trabajamos muchísimo con la biodiversidad. De hecho, todas las etiquetas de los siete monovarietales están representadas por elementos de nuestra biodiversidad: hay una etiqueta que es una amapola, una mariquita, una abeja, un girasol… Todo tiene que ver con lo que tenemos alrededor. 

Entre las variedades que empleamos tenemos Syrah, Bobal, Garnacha, Tempranillo, Malbec… También hacemos un vino blanco que es una mezcla de varias variedades y es el único que no es monovarietal… Igual este año seguimos con otro blanco, no sé…

P- Lo ecológico y lo natural es vuestra esencia, ¿Qué opinas de los vinos veganos?

R- Nosotros no utilizamos nada, pero no por tener ningún certificado, ni nada. Desde el principio no utilizamos levaduras, no clarificamos… Es que no utilizamos nada químico, ni animal ni vegetal. Por lo que nuestros productos podían ser considerados como veganos. 

En un principio me informé. Aquí no había ninguna bodega certificada. Tampoco existían organismos que certificasen los vinos veganos, por no ser comida. A día de hoy sí, ahora hay un montón que tienen certificado de vegano.

P- ¿Cuánta importancia tienen las fases lunares en la producción del vino?

R-  Tienen muchísima importancia. Se trata de hacer lo que nuestros abuelos ya hacían. Nosotros, por ejemplo, compostamos nuestro propio abono y eso sólo se puede hacer en determinadas fases de la luna, si no, no fermenta, no cuaja. Ahora estamos cogiendo madera para hacer injertos y es lo mismo, si no lo coges en una determinada fase de la Luna, no vale, al igual que cuando se hace el injerto. No es una moda de ahora. Es de toda la vida. parece que ahora sea así, que lo ha inventado fulanito o menganito [ríe], que le han puesto un sello y que se cobra por ello, pero no. Esto es simplemente hacer lo que han hecho siempre nuestros antepasados en los huertos, en la viña y en todo lo demás. Es seguir con la tradición de toda la vida. 

P- ¿Cómo os sentís tras haber sido galardonados por la revista Decanter?

R- Ha sido totalmente inesperado. Nuestro importador, por su cuenta y riesgo, presentó los vinos, por eso todavía ha sido más sorprendente para nosotros. Si los presentas tú tienes la esperanza de conseguir algo o, al menos, estás expectante. Pero si no tienes ni idea y ves esto… La verdad es que ha sido una grata noticia. Tres de tres, no está nada mal. [ríe]

P- ¿Vuestras ventas están destinadas al mercado nacional o al internacional?

R- Exportamos el 90% de nuestros vinos. El mercado nacional es minúsculo, tenemos algún distribuidor nacional, pero nada, en tres provincias. Luego vendemos un vino en una gran superficie, solamente uno en España y para nosotros, pues… es como el único cliente nacional. El resto va todo fuera y súper repartido por el mundo entero.

P- ¿A qué países?

R- Al principio tuvimos una mala experiencia con esto de tener un súper cliente importantísimo que te deja colgado y te mueres con todo en la bodega. Aprendimos muy bien de esa lección, entonces preferimos tenerlo muy repartido, aunque sea el doble de trabajo y el doble de todo, es la mitad de riesgo. Vendemos en Estados Unidos, en Brasil, en Japón, en China, en Corea, en Singapur, en Malasia, en Australia, en Rusia y a toda Europa, en todo el mundo vendemos. [ríe]

P- ¿Por qué crees que las bodegas más nuevas y sus vinos tienen tantas dificultades para hacerse un hueco en España?

R- Cuando empezamos con esto, comenzamos únicamente con un vino, lo hacíamos en casa antes de tener la bodega. Salí a venderlo a España con la botella debajo del brazo, a distribuidores, a restauración… Y me encontraba con lo difícil que era vender un vino de Cuenca. Daba lo mismo la calidad, sólo que era un vino de Cuenca y después, todos me decían que cómo se me ocurría hacer un vino ecológico… como que era una cosa muy cutre. 

Empecé a ir a ferias, vi que a una persona de Canadá, a otras de Singapur, les gustaba el vino. Les contábamos nuestra historia, nuestro proyecto y eso les encantaba. Así que empezamos a buscar clientes fuera y es muchísimo más fácil porque fuera tienen mucha más cultura de vinos. Dan menos importancia a la zona, a la denominación de origen y al renombre. Dan bastantes más oportunidades.

Hay denominaciones de origen que han gastado mucho esfuerzo y mucho dinero en hacer marca, eso también ha servido para ponerse en su lugar y ser conocidas en toda España. 

P- ¿En qué punto se encuentra la D.O. Manchuela? 

R- Más que vender Manchuela, yo directamente vendo mi proyecto, mi lugar. Eso es lo que tendríamos que hacer todos. Después debemos ubicarlo en el mapa, porque estamos bajo un paraguas que es Manchuela, donde hay un montón de bodegas con un muy buen suelo y que hacen muy buenos vinos.

Por ejemplo, no todos los vinos de Rioja son buenos, ni muchísimo menos. Hay vinos de otros lugares que no son para nada los más conocidos y que le dan veinte patadas los que se supone que son los buenos. Pero como bien he dicho, hay denominaciones de origen que se han hecho marcas conocidas.

P- La cultura del vino en España ha cambiado mucho durante los últimos años. ¿Crees que alcanzará el nivel que existe en otros países del mundo?

R- Yo creo que no. Por más que viajo solo veo que estamos a años luz de todo eso. No sé si en algún momento llegaremos a alcanzar ese punto.

Lo que sí veo es que, por suerte, con las nuevas generaciones de restauradores y la gente joven que ha estudiado, viene con la mente totalmente abierta, tanto para cocinar, como para los vinos. Estos van buscando lo que no tiene nadie, innovando en comida y en vinos.  Eso nos abre las puertas a todos los que somos algo más desconocidos. Yo creo que eso es lo único que nos puede abrir un poco el camino.

P- En esta etapa tan complicada, ¿cómo habéis vivido la situación con la Covid-19? ¿Habéis podido trabajar?

R- Bueno, como no tenemos prácticamente mercado nacional, ni mercado minorista… Pues esa parte no nos ha afectado nada. Lo hemos notado, más que por países, por sectores. Aquellos distribuidores pequeñitos que tenemos por Europa, o que venden a la restauración, pues esos claro… Han estado igual que nosotros, parados.

Pero luego, aquellos que tenemos que venden a tiendas o supermercados, han pedido más. Gracias a estos hemos podido compensarlo un poco. Por otro lado, hemos aprovechado para hacer todo eso que nunca puedes hacer en bodega. El caso es que no hemos estado parados y conforme está el tema… No me puedo quejar, la verdad. [ríe]

P- ¿Dirías que ya has hecho el vino de tus sueños?

R- No, que va. Yo siempre quiero más. [entre risas]
Siempre quieres aprender más y hacer más cosas. No sé si sabes que hacemos un vino de hielo, de  los de verdad. Eso, por ejemplo, no estaba preparado y fue una experiencia súper chula. Las cosas van viniendo así. Otro ejemplo de esto es el vino de tinaja. Son cosas que te enriquecen. Pero no, todavía no he hecho el vino que dices: «Este es el vino que siempre soñé hacer». Siempre, siempre, siempre, se aprende, hasta ahora.

P- ¿Dónde te ves dentro de diez años?

¡Bufff!, pues no lo sé. Dentro de diez años… [ríe] ¡Imagínate que me hubieses preguntado esto el año pasado! [entre risas] 

No tengo ni idea, pero si la salud y las circunstancias me lo permiten, me veo en el mismo sitio. Aquí soy feliz y tengo la suerte de compartirlo con mi familia. Esto es una empresa familiar, mi marido y yo.  Mi hijo mayor también está terminando enología, así que bueno, la saga continúa. Me veo aquí por el resto de mis días. Si no pasa nada. [ríe]

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