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Mila Crespo lleva más de 60 años haciendo buñuelos de viento en Fallas

12 marzo, 2026

Pedro G. Mocholí
Está claro que el mundo fallero comprende también una serie de vínculos sobre todo aquello que rodea estas fiestas. 

Sin lugar a dudas, los monumentos son lo más importante, pero en torno a ellos se mueve una gran industria y una actividad comercial que se circunscribe a los primeros días de marzo y que finaliza después de la Nit del Foc. 

Las flores o los fuegos artificiales son partes esenciales de las mismas, pero también lo son los innumerables hombres y mujeres que todos los días, con sus inmaculados delantales, nos animan el desayuno y la merienda con los expresivos buñuelos de viento acompañados de un sabroso chocolate caliente, convirtiéndose en la esencia gastronómica de las fiestas vicentinas. Sin esta armonía tan nuestra, algo faltaría en ellas.  

Las bunyoleras son parte imprescindible y, aunque desde los primeros días de marzo innumerables paradas anuncian buñuelos y chocolate, muy pocas son las paradas donde de verdad se puede disfrutar de un auténtico y cuidado buñuelo de viento. 

Mila Crespo es una bunyolera que lleva más de 60 años al frente de su puesto de buñuelos, un oficio que aprendió siendo una niña y que hoy en día aún mantiene.  

Aunque su familia proviene de Turís, se mudaron al Cabañal en la década de los 50. Allí sus padres primero abrieron Els Tarongers, que con posterioridad pasó a llamarse el Bar Crespo, en una de las calles más populares del barrio, la calle Escalante. 

Lleva toda una vida enfundándose ese pulcro y virginal delantal para iniciar la jornada y, como ya he comentado, dura esas, casi tres semanas de marzo, donde el apogeo de las Fallas reclama tan magnífico avío que se consume a lo largo del día, incluso, hasta bien entrada la noche.

Durante toda su vida ha tenido su caseta en el Cabañal, pero este año se han mudado a Paiporta (Plaza Major). No le ha importado, pues por encima de todo ama con pasión su oficio. 

Hay que reconocer la simpleza del bunyol: harina de fuerza, levadura, agua y sal. Una vez se consigue una masa consistente hay que dejar unos minutos para que se atempere y pasado ese tiempo, a la caldera de aceite para que allí se frían y se puedan tomar. 

Pero hay que admirar la inestimable destreza, la de coger esa masa y, con un estudiado movimiento de manos y dedos, hacer que el buñuelo se sumerja en el aceite para que, segundos después, salga a la superficie y se comience a dorar primero por una parte y luego por la contraria. Una vez finalizada la acción se depositan en una fuente a la espera del cliente y el consabido pedido, añadiendo el habitual y ligero golpe de azúcar. 

El pasado domingo me acerqué a Paiporta a probarlos in situ, gracias a su sobrino Iván. Y tengo que reconocer que me sorprendió el toque crujiente que le da, el cual los hace adictivos, un punto que consigue gracias a la temperatura y a la calidad del aceite que utiliza. Otra sensación que me impresionó, es que apenas encontré un ápice de aceite entre las yemas de mis dedos. Porque si hay otra cuestión ineludible, es que los buñuelos se deben coger con los dedos y mojarlos en el chocolate. Por cierto, el chocolate que ofrecen y que preparan en la propia parada es insuperable. Es imposible no repetir, tanto de buñuelos como de chocolate.  

Junto a los buñuelos también ofrecen unos magníficos churros. Aunque la masa es distinta, la elaboración artesanal, prevalece en todos los productos que a diario ofrece Mila.  

Otra de las cosas que me han atrapado, y que ya me comentó la propia Mila, es que los buñuelos que ella hace los puedes comer el día siguiente, encontrando aún ese toque crujiente como cuando están recién hechos. Una sensación que no se produce en los de calabaza, ya que se desinflan a los pocos minutos de haber salido del fuego.  

Junto a Mila encontramos a sus hijos Rafa y Arturo, los cuales cogen vacaciones las semanas falleras para ayudar a su madre en esta tarea tan artesanal y de la que es una verdadera maestra. 

Es una lástima que, a diferencia del churro que se mantiene a lo largo del año, el buñuelo desaparece y solo se suele encontrar de Fallas en Fallas, una sinergia que debería de cambiar, sobre todo, porque el buñuelo es 100% valenciano.  

Bunyols Crespo. Plaza Major de Paiporta.  685 522 396

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