22 junio, 2026

Mar Lafuente
Tres vinos, tres oros y un mismo territorio: Teulada. La Cooperativa de Teulada, o más conocida como Bodega Teulada, ha sido una de las grandes protagonistas de la última edición de los Premios Mezquita de Córdoba. Ha obtenido Medalla de Oro para Vent de Gregal, Pitàgora y Càntic del Sol, tres vinos que representan distintas formas de interpretar un mismo territorio y que vuelven a situar el nombre de Teulada entre los grandes protagonistas del panorama vinícola nacional.
El reconocimiento llega en una edición en la que han competido más de 170 referencias procedentes de España y Portugal, dentro de uno de los concursos más veteranos y prestigiosos de la península ibérica. Un certamen que nació en 1994 con el objetivo de poner en valor el trabajo de viticultores y bodegueros y que, más de tres décadas después, sigue siendo un importante escaparate para medir la calidad de los vinos ibéricos.
Pero más allá de las medallas, la noticia vuelve a poner el foco sobre un proyecto que lleva años reivindicando el potencial de la Moscatel de Alejandría y del paisaje vitivinícola de la Marina Alta. Un territorio marcado por la influencia del Mediterráneo, los bancales de piedra seca y una cultura del vino que forma parte de su identidad desde hace generaciones.
Los tres vinos premiados reflejan, además, la diversidad de una bodega que ha sabido evolucionar sin perder de vista sus raíces.
Vent de Gregal, uno de los vinos más reconocidos de la cooperativa, se ha convertido en un magnífico embajador de la moscatel seca. Un vino fresco, expresivo y gastronómico que ha contribuido a romper muchos de los estereotipos asociados históricamente a esta variedad, mostrando una cara diferente de una uva profundamente ligada a la comarca.
Color: amarillo pálido tirando a dorado, gracias al tiempo que pasa en contacto con las pieles de la uva durante la fermentación.
Aroma: con intenso aroma floral, especialmente a flor de azahar.
Boca: se perciben notas de cítricos, como limón y naranja, así como notas de frutas tropicales, como mango o maracuyá. Tiene un carácter muy fresco y jugoso. Su cuerpo es de ligero a medio, lo que lo hace muy agradable y fácil de beber.
Junto a él, Pitàgora vuelve a recibir el respaldo de un jurado especializado. Un vino que refleja la apuesta de Bodega Teulada por explorar nuevos caminos enológicos sin renunciar a la identidad mediterránea que caracteriza a todas sus elaboraciones.
Color: cristalino y brillante.
Aroma: aromas puros y naturales. Buena intensidad, ligero, bien definido, con el habitual perfil de la moscatel, incluyendo algún toque de almizcle, miel, jazmín, piel de naranja confitada y algo de almíbar.
Boca: fruta fresca, ya que al no fermentar totalmente conserva los aromas de la propia variedad. Vino natural en boca, recuerda a la uva fresca, la explosión de comerse un grano de uva. Sabor redondo y meloso; finas burbujas.
Completa el trío de galardonados Càntic del Sol, uno de los nombres propios de la bodega y un vino que ya ha cosechado importantes reconocimientos a nivel nacional. Este moscatel fue capaz de conseguir el único oro de la Comunitat Valenciana en los Premios Bacchus, un hito que confirma su excelente nivel y que ahora encuentra continuidad con este nuevo reconocimiento en Córdoba.
Color: caoba oscuro.
Aroma: a uva pasificada, pasas miel…
Boca: dulce, elegante y persistente.
Los Premios Mezquita están organizados por el Aula del Vino y la Academia del Vino de Córdoba, entidades dedicadas a la promoción y divulgación de la cultura enológica. A lo largo de su trayectoria, el concurso se ha consolidado como una referencia para bodegas y consumidores gracias al rigor de sus catas y a la alta cualificación de los profesionales que forman parte del panel de evaluación.
Para Bodega Teulada, estos tres oros son una nueva confirmación del buen trabajo que han realizado durante estos últimos años, una labor que va más allá de la elaboración de vino y que tiene como objetivo poner en valor su patrimonio vitivinícola. Detrás de cada una de estas medallas hay viñedos que miran al mar, una cooperativa que lleva décadas defendiendo su territorio y vinos que continúan demostrando que la calidad también se construye desde el arraigo.
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