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Déjate seducir por el mundo del vino

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Gratis Total

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José Antonio López
Están más contentos que si les hubiese tocado la lotería. Hace meses que el Imserso ese de los viajes baratos les confirmó que se podían ir una semana Gratis Total a una paradisíaca playa de España. Pero hay más, esa semana era la primera de agosto. “Passa, categoría que tiene uno, la semana de más “oberbukin” dese y nos la dan a nosotros”.

Se han alegrado, pero no demasiado, de que a otras veinte parejas más, les ha sonreído la misma fortuna. “Así no vamos solos” se consuelan, pero se les ha caído el sombrajo de ser los únicos que, en agosto, van de Gratis Total a un hotel “en primera línea de playa”.

El autobús sale a las cinco de la mañana, rumbo a la Costa del Alacrán. Todo diversión, jaleo, excursiones, el “baile de los pajaritos” y hay que llevar, al menos, un pantalón azul y una camisa blanca para la “fiesta ibicenca”. En la Costa del Alacrán, las fiestas ibicencas son de dos colores. Hay que marcar la diferencia.

“Para ser conductor de primeraaaaaa, aceleraaaa, aceleraaaa”. A pesar de la temprana hora los ánimos están a flor de piel. Alegría. Para unos por las vacaciones, otros están experimentando el efecto del carajillo mañanero que para eso el autobús se aparcó frente al bar del pueblo. Chorrico postcarajillo incluido. Los vecinos que no van al Gratis Total se han quedado con un palmo de narices.

Una azafata da la bienvenida al autobús haciendo callar a un “solo flauta” empeñado en cantar Asturias Patria Querida a las cinco y media. Empezó la juerga con tiempo. Calla el barítono. Comienzan las instrucciones. Qué barbaridad, cuánta educación, qué bien sabe hablar la señorita. Te calles. Pues eso”.

“ …y lo van a pasar muy bien. Ustedes son los elegidos entre miles y miles de solicitantes. Les voy a entregar unas pulseras que no se pueden quitar, ni cambiar, bajo ningún concepto porque de lo contrario, les cobraríamos. La pulsera roja tiene todo Gratis Total. La pulsera azul sólo vale para la comida, los cubatas y los gin tonics. La amarilla para los carajillos y, por último, la verde sólo para el vino tinto con sifón. (Homenaje a Luis Sánchez Polack “Tip” in memóriam”.)

Pasmo entre el personal. Hay quien dice que la distinción está en la cantidad de años cotizados. El barítono pone el grito en el cielo, le ha tocado la verde. Hay enfados. Pero el pasmo llega a lo más alto cuando la azafata confirma que “los niños son gratis”.

Todos se miran entre ellos. En el autobús juntan, entre todos, más años que las pirámides de Egipto y encima nos quieren dar los niños gratis. Hasta el gorro de aguantar a los nietos en el invierno y vienen a darnos niños gratis… “de eso nada, monada”.

“Ya decía yo que esto era demasiado chollo. Nos llevan a la Costa del Alacrán y encima nos dan niños para que los cuidemos gratis. Y se monta una que ríase usted del dos de mayo. Que no, que hemos venido a bailar los “pajaritos” y al “gratis total” aunque sea vino con sifón. Que esto no es lo pactado.

Tras tres horas de viaje y un enfado monumental que la azafata no sabe atajar y el conductor se está pensando en dar la vuelta, se vislumbra la Costa del Alacrán. Preciosa. Un montículo lleno de viviendas blancas y dos torres monumentales que deben ser, creemos, los hoteles. Ni un árbol, ni una sombra y mucho menos algo que se parezca al mar.

Por no haber, no hay ni charcos.

“Diariamente, a las ocho de la mañana, el autobús les llevará a la playa y les recogerá a las dos para la comida…”.

Y es que hay gente con suerte que, pese al “oberbukin” ese, les dan vacaciones en la playa en el mes de agosto. Con niños, gratis. Le han comprado unas gafas a la azafata para que comprobara la edad de los viajantes, por lo de los niños. Están buscando al responsable de la agencia de viajes. A la entrada del hotel suenan “los pajaritos”.

Una viajera le dice a otra que si la pulsera no se le caído en tres meses, se la quita y que se fastidie la azafata.

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