Se advierte al usuario del uso de cookies propias y de terceros de personalización y de análisis al navegar por esta página web para mejorar nuestros servicios y recopilar información estrictamente estadística de la navegación en nuestro sitio web. Política de cookies · Acepto · No acepto

Déjate seducir por el mundo del vino

Menú

El enigma del gin tonic

Cocktails Acuarium

José Antonio López
Me acabo de encontrar con mi “maestro Daniel”.

Como no tengo permiso para utilizar su “imagen” lo dejaremos ahí.

Daniel es una persona sabia, sencilla y amante de la buena vida.

Con respeto.

Se lo ha ganado a pulso.

Al menos media escalera mecánica de El Corte Inglés, le pertenece.

La otra media es mía.

Hemos coincidido en una comida que, si los anfitriones nos hubieran conocido antes, se habrían ahorrado la invitación. Es lo que tiene la fama, que no siempre está acorde con la realidad.

Allá ellos.

Nosotros, educados y con el máximo respeto.

No hemos roto nada ni nos hemos reído de nadie.

Nadie se ha reído de nosotros y… ¡lo nuestro es para reírse!

Somos espíritus libres.

Con un par.

Y aquí nos tienes, amigo. Que está de moda poner una barra para servir y degustar gin tonics después de las cenas.

La madre que va. Daniel y un servidor, nos encontramos ante un escaparate de mil y una ginebras con nombres de lo más raro y con propiedades que desconocíamos. Puñao de marcas, botellas y formas de preparar… un normal gin tonic.

Pues resulta que uno y Daniel, estamos acostumbrados a tomar un gin tonic de Larios, Beefeater, Gordons y si me apuras M.G. Todo esto sin contar con el garrafón de turno.

Los que peinamos canas y no pasamos de los 26 me entenderán.

¡Unámonos!

Para nosotros esta maravillosa bebida que descubrimos del arte de mezclar ginebra con una cosa que era agua tónica que llevaba quinina y, además, era amarga y otro además, no sabíamos cómo pronunciarla porque se anunciaba en las vallas de publicidad y no por la radio (luego se dieron cuenta y lo anunciaban por la radio para decir lo de sueps, tan normal como la vida misma y que no tiene nada que ver de cómo se escribe que es para volverse loco.

Perdón, a lo que vamos.

Que uno pedía un gin tonic porque era digestivo (otra excusa para tomar alcohol) y le ponían un vaso de tubo, maravilloso para todos menos para los que tenemos la nariz prominente, más que nada, porque nos atascamos.

Y el vaso con dos cubitos de hielo, preferentemente con hueco para que cupiese más, y no nos helara demasiado el apéndice nasal al beberlo, una rodaja de limón y casi toda la tónica que siempre quedaba un poquito en la botella para pedir “la colilla” y acabar con el chorrito de regalo.

Unos eran de Larios que tenía un montón de destilaciones.

Otros de Gordon’s, era más noble y más perfumada.

Los menos preferían Beefeater, más cara y, por lo tanto, más inaccesible.

Ginebra y tónica. Cortada de limón.

Para los puristas… sólo la piel del limón, rompiéndola y provocando pequeños destellos de jugo que te llevan al paraíso.

También se puede restregar el limón por la boca de vaso que ya es “demasiao pal coctelero’”.

Arte.

¿Arte? El que me encuentro con Daniel cuando me invita a un gin tonic actual. La verdad es que no sabíamos qué ginebra elegir.

Hay hasta para aburrirse. Todas magníficas. Eso sí.

Y ya no hay vaso de tubo.

Es una copa… copón en ocasiones, que te lo llenan de minúsculos trocitos de hielo… a puñaos, sin exagerar, más que en un iceberg… y le pasan por encima la botella de la ginebra elegida (prometo, en otro escrito y cuando me recupere, nombrar casi todas las que hay). Una vez rociada la ginebra, (no me he equivocado, rociada, no echada) empiezan a ponerte plantas, semillas, aromas, sombrillas y no sé cuántas cosas más que, como te descuides, también vas tú dentro del copón, copa, si estás a régimen después de las fiestas.

Pero eso no es todo. Te presentan un montón de tónicas con no sé cuántas cosas que hacen que la tónica sea más tónica y que… bueno, si la echas por el rabo de una cuchara que además está torcido, el rabo, claro, rompe la burbuja y provoca…

Mande…!

Pagó Daniel y se ha ido a vivir debajo de un puente.

Se empeñó en el espectáculo.

Nos quedamos esperando saborear un gin tonic.

Alguien nos dijo que estábamos equivocados, que la vida cambia.

Tienen razón son cosas de la edad.

Ya ni los gin tonic son ginebra con tónica.

P.D. Daniel, gracias por tu amistad.

Un comentario en El enigma del gin tonic

odracir el 16 enero, 2015 a las 1:46 pm:

yo quiero parte de la escalera de el corte ingles y un buen gin-tonic

Deja tu comentario

Tu e-mail no será visible.

* Requerido

* Requerido

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.