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Cuentos navideños 1: los adonnos

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José Antonio López
A ver si se creen que sólo las grandes superficies, como dicen los finos, tienen derecho a poner los adornos de Navidad y dar la tabarra con los villancicos desde mediados de noviembre. Algunos los ponen a final de octubre. Palabrita del Niño Jesús.

Nosotros, desde este humilde portal, vamos a empezar con nuestra particular Navidad que culminará cuando nos hayamos roto las manos de tanto tocar la pandereta o nos hayan roto la cabeza de tanto dar la vara con la zambomba.

Recuerden que hay que ir ¡ya! a la tienda de decoración navideña.

Es imprescindible desempolvar el vetusto árbol y manifestar, como lo hicimos el año pasado, que de estas fiestas no pasa porque es una vergüenza colocar tal engendro a la entrada de la casa. Dicho esto, escuchará un razonamiento que le hará callar y es que, para qué queremos comprar otro nuevo si lo llenamos de trastos y al final lo que no se ve es el árbol.

Pues tiene razón.

Colocado en la peana cuide que no se vuelque, que el año pasado ya la tuvo por romper el jarrón que su suegra le regaló cuando se casó. Quedó demostrado que no fue con mala intención. Seguidamente provéase de suficiente espumillón de varios colores y tonalidades. No olvide que esas tiras, que están más peladas que el sobaco de un mono, valen para tapar la peana del árbol. Hay que ahorrar.

Estupendo. Ya tiene el árbol colocado y el espumillón a punto de colocar. Es el momento de disfrutar viendo cómo se esparcen por toda la casa esas tiritas traidoras que no vuelven a uno por mucho que les cantemos. Estarán por toda la casa hasta el año que viene. Seguro. Saben esconderse.

Colocado. Espumillón a montones y en combinaciones que harían ahorcarse al diseñador con peor gusto del mundo.

No olvide entonar el Campana sobre Campana conforme va realizando la labor y no se sorprenda si no queda nadie en casa cuando pide que le pasen las bolas. Con perdón.

Tendrá que bajar de la escalera y coger las susodichas bolas usted mismo. Y qué importa, cuando venga la familia se van a quedar con la boca abierta.

Ya tenemos doscientas bolas colocadas y otras trescientas botando por la casa y escondiéndose, junto al espumillón, en los sitios más recónditos.

Estamos triunfando.

Hemos comprobado que hay sitio para los regalos y hemos metido un ambientador entre las ramas del abeto como precaución para el día que les dé por poner los zapatos junto al tronco.

Bien.

Faltan las luces que iremos colocando poco a poco. Aquí nos pasa como con el espumillón, que siempre queremos crear algo nuevo y acabamos poniéndolas con esa horterada de ondita que no dice nada. No se apure, en su casa haga lo que le dé la gana y si se fija, comprobará cómo en establecimientos muy selectos y en los bares de su barrio, las onditas están por todas partes. En algunos bares no puede establecer la comparación porque son las del año pasado que aún no han quitado.

No se olvide de Papá Noel. Hay que abrir el balcón y dejarlo que cuelgue. Acuérdese de atarlo bien si vive en un piso alto porque puede crear más de un chichón y atarlo corto si vive en un piso bajo porque puede que saque más de un ojo y además, se lo robarán.

Sólo le queda llamar a la familia y rezar para que no salten los plomos cuando enchufe el alumbrado mágico.

Disfrute, amigo, de su obra de arte. Ya está la Navidad en su casa cuando a usted le ha dado la gana y como ha querido. Que tenemos criterio.

¡Ah! no se olviden de poner en la puerta de su casa las campanillas.

 

Un comentario en Cuentos navideños 1: los adonnos

odracir el 26 noviembre, 2015 a las 1:23 pm:

este año coronar el arbol con la bandera de España

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