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Déjate seducir por el mundo del vino

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Comida de empresa: Nos vamos de vacaciones

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José Antonio López
Crisis y más crisis, pero nos vamos de vacaciones y sería conveniente montar una comida de hermandad para desear lo mejor a los empleados. Más que nada por si no volvemos a abrir en octubre.

Y se monta la comida, la de la hermandad. Y alguien dice que conoce un restaurante que, por cuatro duros, se come de maravilla (expresión educada de que por cuatro euros te pones hasta el c…). Hay dudas… Ya se sabe que hoy y antes, nadie da duros por cuatro pesetas. Aun así se insiste en la amistad con el local y otras cosas.

Adelante, vamos a la comida de “despedida” de vacaciones.

Pepelu, viene.

Pepelu es ese personaje gracioso y entrañable que hay en todas las empresas. Sin él, las fiestas no serían lo que son. Cuenta chistes (los mismos de hace cuarenta años) y consigue que la gente sonría y lo pase bien.

Un hurra por los Pepelus del mundo que consiguen hacer felices a los demás siendo conscientes de que son “rajados” a sus espaldas.

Las chicas han venido “de punto en blanco” como merece la ocasión. Rediós, qué guapas son. Cuando se ponen una línea negra en cada ojo, se transforman.

Ellas saben.

Goica viene como siempre. Sigue la filosofía hippy de los sesenta y no está dispuesta a aborregarse. Pintarse un ojo… como no se golpee contra una puerta. Fiel a sus principios. Acaba de cumplir los veinte.

Vivan los sesenta.

Por la calle, camino del restaurante, se forman grupos. Sólo el jefe aguanta al pelota de turno dándole la vara sobre lo bien que va la empresa. Está pensando en cuánto le va a costar la broma.

El subid, en el restaurante, no es conocido por nadie. “ Sí una reserva a nombre de Corporation Blues Band”. Vale, esa mesa larga de allí.

Se van colocando las personas. Guapas ellas. Normales, tirando a mal, ellos. Los grupos siguen. Están por departamentos, como en el trabajo. Nada cambia. El becario está solo.

Un mechón de pelo de Goica cae sobre su ojo izquierdo ocultándolo. Alguien afirma que está hecho a propósito. Se comenta que el citado ojo tiene por costumbre mirar a otro sitio que su gemelo. Nadie dice nada. “Posiblemente esté mejor tapado. Apunta el Pepelu que ya ha marcado el paso desde la oficina al restaurante.

En la mesa, con mantel de papel, se exhiben, sin pudor, los platos de cacaos, las aceitunas y las papas. Los vasos están boca abajo. “Como en las fallas”. Apunta Pepelu y calla de inmediato al ver la metedura de pata.

El pelota de turno le dice al camarero que espere a que hable el director. Es breve. Sabe lo que se le viene encima.

“Amigos y amigas. Colaboradores y colaboradoras. Personales y personalas. Becarios y…”, aquí se le fastidia la patada a nuestra lengua universal porque no hay becarias. Lo soluciona rápidamente diciendo y “amiguitos” con clara referencia a Pepelu que es bajito. No dice “amiguitas” por la connotación que podría tener.

Cerveza, vino y gaseosa y agua, que hay dos personas que están a régimen. Más adelante habrá que esconder las botellas de vino porque a algunos se les ha olvidado su objetivo.

Unas ensaladas. Unos aperitivos y un plato especial para cada uno. El postre, común, y ya hablaremos.

Qué haríamos sin Pepelu que lo organiza todo tan bien.

Con la excusa de ir a miccionar, el tal Pepelu se ha “espolsado” tres chupitos de güisqui en menos de un minuto. Que le quiten lo bailao. Paga el jefe.

En la mesa, jolgorio y risas cuando se oyen los chistes de siempre y se cuchichea, por lo bajini, como siempre.

Comentarios con los platos vacíos. Silencio con los platos llenos. Alusiones de unos a otros. El vino peleón va haciendo su efecto. El pelota, al lado del jefe. El jefe, hasta las pelotas de quien tiene a su lado.

Halagos, más halagos y petición de discurso al postre.

“La casa invita a un chupito.” Pepelu se las arregla para que sean dos. El enterao que era tan conocido, ni aparece.

Son las cuatro y media y deberíamos habernos reincorporado a las cuatro. Un día es un día. Lo están pasando bien. Pepelu cuenta chistes. Nadie se ríe y él alza más la voz. No es cuestión de volumen, sino de renovación y gracia.

Llega la cuenta y el jefe se acuerda de la señora madre del pelota que le dijo que se comía bien por cuatro duros. No mintió. Ahora son euros y no cuatro.

Caminan bajo un sol abrasador hacia el despacho.

Son felices, al menos por unas horas.

Ojalá lo sigan siendo muchos años.

Pepelu cuenta el último. El becario sigue sólo. Goica no se ha quitado el pelo de la cara. Los grupos siguen siendo grupos. Nos vamos de vacaciones.

Todo sigue igual.

Un comentario en Comida de empresa: Nos vamos de vacaciones

bombonparati el 12 julio, 2015 a las 9:41 pm:

Con o sin comida, pero sí nos vamos de vacaciones. Trabajo, querido trabajo ahí te quedas y en septiembre hablaremos.
Aquí en España trabajamos para vivir a Dios gracias y queremos vivir y disfrutar de la vida si nos dejan.
Feliz verano guapo

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