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Déjate seducir por el mundo del vino

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Carta desde las Galias

Bienvenido VinOmed… y que pronto vengan bodegas españolas

2 febrero, 2022

Rafael Apolinar Valiente (Instagram: rafawinesdoctor)

Se sentía algo huérfana la ciudad de Montpellier desde que, pocos años atrás, se supo que el salón de vinos del sur, ViniSud, abandonaba la que había sido su cuna y su hogar natural poniendo rumbo a París. Ni siquiera quedó la posibilidad de una alternancia en su celebración bianual, lo que de alguna manera habría soliviantado los ánimos, entre estupefactos y enojados, a orillas del Mediterráneo. A aquella cita acudían productores de diferentes países, como España, Francia, Portugal, Marruecos, Italia, Argelia, Grecia, Túnez, Turquía, Líbano o Israel. Hubo que recurrir a la imaginación y a cierta resiliencia para comenzar un nuevo proyecto que, con los años y mucho esfuerzo, se espera que llegue a alcanzar la dimensión de aquel amado ViniSud montpellerino. Y así fue como nació VinOmed, el Salón de los Vinos y del Enoturismo en el Mediterráneo. Los 75 participantes de esta su primera edición presentaron a finales de octubre algo más de 450 productos originarios de 40 terruños distintos, procedentes de 24 Appellations d’Origine Protégées y de 7 Indications Géographiques Protégées (nuestras Denominaciones de Origen e Indicaciones Geográficas Protegidas).

Mi primer sentimiento nada más entrar al pabellón de exposiciones fue la añoranza de bodegas que no fueran solo francesas; sobre todo, como resulta fácil de comprender, las de España. La energía que transmitía el recinto, sin embargo, me ayudó a apartar tal morriña. La motivación de los allí presentes por exhibir las bondades de sus productos se percibía con rapidez. Con la ilusión ya fluyendo por mis venas y neuronas, y copa en mano, había llegado el momento de dejarse seducir por los vinos de tantas regiones galas, hermanadas a las españolas por las olas del Mediterráneo.

Resultaría imposible desarrollar en estas líneas todas las conversaciones y los temas tratados: distintas técnicas de vinificación, variedades de uva, características del terruño, inquietudes y actitudes ante el reto del cambio climático, tendencias del mercado o propuestas enoturísticas. Sobre todos estos aspectos siempre sobrevolaba uno: el del placer resultante al llenar la copa e ir vaciándola poco a poco en buena compañía. Así que lo que haré es presentar algunos esbozos de las principales ideas y sensaciones que me llevé a casa tras mi paso por VinOmed: ¡allá voy!

Al ya mencionado entusiasmo de quienes presentaban sus vinos se le unía la satisfacción, con un puntito de orgullo, de su manera de hacer. Me explico: frente a las modas oscilantes del “ahora así…”, “ahora así no…”, y el “ahora así, pero no tanto…” promulgadas por diversos gurús, iluminados, o creadores de tendencias, el vigneron y la vigneronne exhiben su filosofía sin ningún atisbo de reparo o timidez. “Lo hacemos así porque creemos en ello, porque nos gusta, o porque es como lo hacían las generaciones anteriores: lo respetamos y creemos en ello”. No encontré ni cerrazón en sus posiciones ni escepticismo ante otras perspectivas; simplemente tenían muy claro el estilo de vino que querían alcanzar. Ese “saber y querer hacer” les lleva a un aspecto clave que pude distinguir en la mayoría de los vinos catados: la búsqueda de la expresión de los rasgos varietales. Persiguen las notas intensas, las de fruta en general y las de especias en particular, siempre que la variedad las ofrezca con franqueza. Evitan procedimientos que puedan enmascarar la esencia de sus vinos: la tendencia es hacia lo natural y lo sincero. Todo ello, por supuesto, sin necesariamente rechazar los cupages de distintas uvas.

La admiración por el hacer de sus mayores y ese anhelo de pureza varietal cristaliza en algo que, de un tiempo a esta parte, parece ir extendiéndose por los dominios vitivinícolas: el empleo de la tinaja. Bien de arcilla o de gres, de mayor o menor volumen, el ánfora ha ido reconquistando un terreno, antaño ya suyo, como continente para la vinificación. Quien la utiliza suele perseverar en su apuesta o incluso la aumenta.

Dos últimas evidencias pude percibir en torno tanto al viñedo como a la bodega: los compromisos con la ecología y con la enorme importancia, ganada con tesón y justicia, de las mujeres. Tanto la consideración al medioambiente como al trabajo y enfoques femeninos resultan ya imprescindibles para que nos llegue el vino que la inmensa mayoría queremos disfrutar. Si no fuera así, quienes amamos la enología nos perderíamos un sinfín de puntos de vista, ideas, sensibilidades y resultados. Por suerte, todo ello parece ir ya materializándose; si no me creen, pueden comprobarlo en las webs de Vinifilles, Mas Isabelle, Mas Farchat, Domaine Gayssou, Château Coupe Roses, Les Cèdres de Robert, Domaine La Louvière…o en tantas muchas otras.

Todos estos puntos (la pasión, la satisfacción, la consideración a sus predecesores, la búsqueda de la pureza varietal, el empleo de tinajas y las satisfactorias realidades ecológicas y femeninas) se pueden hilvanar con la hebra de una sola palabra: respeto, ejercido tanto sobre las personas como sobre los objetos que rodean el proceso de vinificación.

Acabaré el presente texto dejándome caer en la tentación de mencionar algunos de los vinos que más impresión me causaron. Ya conocen aquello de “no están todos los que son…”, pero valgan como rápida muestra los siguientes descubrimientos.

Ni Ange Ni Demon 2019 (Domaine de Parazols-Bertrou, AOP Cabardès) es un vino tinto con un 60% de Syrah y un 40% de Cabernet Franc y Merlot. No se sorprendan: esta denominación queda al interior, por lo que recibe influencias tanto atlánticas como mediterráneas; de ahí este cupage de uvas que a muchos desconcertará. Descansa seis meses en barricas de roble. Aromas a clavo, fruta negra y final de cacao. En boca es sedoso y largo. Sorprendente.

Accords 2018 (Terres de 2 Sources, IGP Saint Guilhem le Désert) es un tinto procedente de uvas de Cariñena y Syrah. Aromas en nariz de arándanos, ciruela roja y un toque especiado (pimienta negra), en boca aparecen la garriga y el cacao. Muestra buena acidez y un tanino presente, terso pero grato. Aunque puede disfrutarse ya, muestra buena capacidad de guarda. Interesante.

Con un 80% de Syrah y un 20% de Garnacha, L’Unique 2018 (Terre de Dames, Languedoc) se elabora mayoritariamente con una crianza de tres años en barricas de 600 litros (aunque hay que reseñar que el 10% la realiza en ánfora). Aromas sutiles a violeta, mora y cassis, en boca es complejo, delicado, vibrante y largo. Ecológico. Muy elegante.

A partir de uvas sobremaduras de la variedad Moscatel de grano menudo se elabora el vino dulce Dieuvaille (Domaine de Barroubio, AOC Muscat de Saint Jean de Minervois). En nariz aparecen notas florales a jazmín y azahar, mientras que en boca surgen recuerdos de limón confitado y un toque ligero de miel. Sabroso sin ser empalagoso. Resultón.

Ipso Facto 2017 (Château de l’Ou, IGP Côtes Catalanes) surge de la vinificación integral de racimos 100% Syrah en barricas de 300 litros y una posterior crianza de 18 meses en las mismas. Aromas muy intensos a mora, cassis, grafito, regaliz, pimienta negra, nuez moscada y final de cacao. Voluptuoso, sedoso, complejo. Ecológico. En mi opinión, y aunque cualquiera de los elaborados en esta bodega les resultará extraordinario, se trata de la joya de la corona de VinOmed.

Epílogo: llego a casa y, cuando me pongo a leer una de las revistas que se ofrecían en el salón, descubro entre sus páginas un artículo titulado “Valencia: Fallas, paella…and Bobal”. Escriben sobre los vinos de las bodegas Pasiego, Torre Oria y Finca San Blas (con fotografía incluida de su enólogo, Nicolás Sánchez, al que guardo gran afecto ya que fue uno de los directores de mi trabajo de fin de carrera como Ingeniero Agrónomo). Sonrío ante este guiño inesperado, confiado en que, en breve, podremos degustar vinos españoles en VinOmed.

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