21 octubre, 2026
Texto: Jaime Nicolau / Fotos y Vídeo: Vicente Escrivá
Es imprescindible hacer una pequeña inmersión en el valenciano antes de empezar este artículo. Lo es para entender algunas palabras clave como altet, una montaña pequeña, un montículo, un alterón o una elevación del terreno de poca altura. El segundo porque Pepe Tortosa está más cómodo hablando en su lengua materna… pero no esperen los académicos un valenciano del siglo XXI. Es un valenciano del de «tota la vida, de poble… el dels iaios i les iaies». La segunda palabra que deben conocer es mitger (sí con g de gato): Persona que cultiva una propiedad rústica ajena (mitger o amitger) y se reparte los frutos al 50% con el propietario. Y es que Pepe y su familia han sido los mitgers de Altet de Torró durante muchas décadas, un paraje singular y mágico con la casa mirando al viñedo desde las alturas, un viñedo en el que las cepas viejas de monastrell siguen aferradas a la tierra pese al paso de las décadas.


Es ahí, en ese paraje mágico y con Pepe, dónde hemos quedado con los viticultores Javi Revert, Rafa Cambra y Manu Sanmiguel. Rafa conoce bien estas tierras. Las lleva pisando y admirando años y de ellas ha salido alguno de sus vinos más ilustres.
El proyecto común de estos tres brillantes «interpretadores del territorio» tiene en El Bierzo su fuente de inspiración con Rapolao, uno de los parajes vitícolas más famosos y exclusivos de la Denominación de Origen Bierzo, situado en la localidad de Valtuille de Abajo. Allí decenas de viticultores elaboran su propio Rapolao de un puñado de hectáreas en las que reinan las viñas centenarias de mencía. Traído a Fontanars dels Alforins el reto era interpretar, cada uno con su mirada, un viñedo muy singular con la monastrell como protagonista.

Pero volvamos al Mitger. La familia de Pepe Tortosa llegó a L’Altet de Torró hace más de un siglo. Pepe recuerda como la monastrell siempre ha sido la variedad reina de este paraje de suelos calizos. Plantaron la viña en borde y después la injertaron cepa a cepa. Ver a los tres «zánganos» paseando entre las viñas le ha devuelto el brillo a los ojos. Se siente orgulloso de que sean los embajadores de un lugar que ha sido su vida.

De los tres viticultores, Rafa Cambra es el que más conoce el paraje. «Es una de las fincas históricas de Fontanars. Fue bodega hasta el año 84. Es un terreno de exposición sur, solana. Pura caliza que se expresa muy bien. Es una finca tardía por esa exposición y por el suelo que tiene. Yo creo que lo bonito del proyecto es que llegas a estas fincas y cuando ves el paso del tiempo en las puertas, la fachada… es como volver a empujar la puerta que estuvo cerrada. Hay que respetar el suelo que está antes que nosotros» reflexiona Rafa. «Respecto a mi interpretación, nunca había hecho monastrell con raspón y en este vino si le he dado mucha importancia en la elaboración incorporando más uva entera. Yo normalmente los monastreles no los hago con uva entera. Y luego, por supuesto, barrica usada para respetar el sitio de donde viene la uva».

Javi Revert tenía ganas de elaborar en Fontanars. Las viñas de su proyecto personal se encuentran principalmente en La Font de la Figuera. «Con este proyecto queríamos inspirarnos en otra gente que para nosotros son referencia e inspiración. El ejemplo claro Rapolao, esa parcela de El Bierzo que comparten muchos productores y cada uno elabora su visión. Pensamos que era una buena idea también poniendo el foco en el viñedo, que el viñedo viejo de monastrell de esta finca fuera el protagonista», explica Javi. «L’Altet de Torró para nosotros es una finca muy importante. Es una finca donde Rafa ya trabajaba y hacía varios vinos aquí. Es la finca en la que Manu inicia su proyecto y para mí es un poco un reto. Hacer algo distinto, ya que como sabéis, mis viñedos están más en la zona de la Font y en otro paraje. Y también me apetecía mucho trabajar en en un viñedo de Fontanars dels Alforins con las características propias de este lugar» continúa el viticultor valenciano. «Para mí es un vino distinto a lo que elaboro en otras zonas por el tipo de suelo y por la variedad. Yo hasta ahora no había elaborado ningún 100% monastrell, es algo que creo que también era como una cuenta pendiente para mí. Y bueno, evidentemente lo que busco es elaborar la mejor versión de estas uvas que llegan a la bodega desde mi punto de vista» nos explica respecto al resultado de su mirada de esta parcela.

Manu Sanmiguel es quizás el más novel de los tres protagonistas de esta aventura, aunque sólo en su proyecto personal, pues forma parte esencial de una de las firmas de más peso en Terres dels Alforins, Bodega Los Frailes, desde hace años. «Creo que la finca tiene una de esas cosas que no entiendes bien por qué, pero que cuando llegas notas una energía especial y que aquí pasa algo. Lo primero sería el punto paisajístico. Es una de las zonas chulas de Fontanars que a mí me gusta porque desde aquí coges toda la zona de la rambla, ves toda la de la solana y puedes llegar a ver también la de la umbría. O sea, te da una visión bastante amplia de las distintas zonas que hay en Fontanars. Respira ese carácter chulo de finca de Fontanars, de finca mediterránea, rodeada de pinada, de vegetación», comienza explicando Manu. «Con mi interpretación he querido mostrar el paisaje mediterráneo y varietal que tenemos. También mostrar el carácter y la esencia del monastrell y hacer un vino mediterráneo con ese carácter calcáreo, con ese punto de rusticidad bien entendida de nuestro carácter».
Así se escribe esta aventura. Solo queda probar las tres miradas y disfrutar. Pepe ya lo ha hecho y da fe de que los tres vinos de L’Altet de Torró están «molt bons».
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