25 septiembre, 2026

Mª Carmen González
Hablar de vino islandés en la actualidad es prácticamente imposible. La situación geográfica del país, justo al sur del Círculo Polar Ártico, hacen inviable el cultivo de uva. La única posibilidad que tienen es usar el calor subterráneo que genera la importante actividad volcánica de la isla y producir vid en invernaderos, algo que han empezado a hacer de manera experimental. Sin embargo, tienen un ‘vino quemado‘ como bebida nacional: el ‘brennivin’.
El ‘brennivin‘ se elabora a partir de pulpa de patata fermentada que se destila sobre llama abierta -de ahí lo de vino quemado o ardiente- y se aromatiza con semillas de alcaravea, una de las pocas especies que crecen de forma silvestre en Islandia, lo que le da un sabor fuerte y muy característico y un aroma especiado que recuerda al anís, al hinojo o al comino. Tras la maceración, el destilado se rebaja con agua islandesa, considerada una de las más puras del planeta, para dejar su graduación alcohólica en 37,5%.

Esta bebida, que se asocia a celebraciones y reuniones sociales, se suele tomar en chupitos y muy fría, acompañando a platos como el tiburón fermentado (hákarl). La potencia del brennivin se hace necesaria para soportar el fuerte sabor de esta carne y, sobre todo, su pronunciado olor a amoníaco.
El brennivin se conoce también como ‘muerte negra‘, no por su sabor fuerte y su alto contenido alcohólico, sino por el color de la etiqueta que tiene desde su nacimiento comercial. Y es que esta bebida salió a mercado por primera vez en 1935, tras la prohibición islandesa de venta de alcohol, y se decidió ponerle una etiqueta negra para hacerla poco atractiva. Sin embargo, la medida no tuvo mucho éxito y el vino quemado se siguió consumiendo de manera importante.
Al igual que el resto de bebidas alcohólicas -excepto alguna cerveza de muy baja graduación-, el brennivin no se vende ni en tiendas ni en supermercados. En Islandia el alcohol se comercializa a través de una red estatal llamada Vínbúðin , que tiene establecimientos por todo el país, y solo a mayores de 20 años.
Invernaderos
El hecho de que el 10% del territorio islandés esté cubierto de hielo -existen más de 250 glaciares identificados-, las bajas temperaturas, el fuerte viento, las pocas horas de luz durante el invierno y la brevedad del verano hacen que la agricultura sea complicada en Islandia. Al aire libre se cultivan patatas, cebada, nabos y poco más, lo que hace que los islandeses tengan que importar la mayor parte de los alimentos que consumen (una de las explicaciones a los altos precios del país).
Sin embargo, la gran actividad volcánica de la isla -llamada de hielo y fuego por algo- genera una importante cantidad de energía geotérmica que sirve para calentar los hogares y también invernaderos. Así, en la actualidad está bastante generalizada la producción de tomates en invernaderos, así como de pimientos y pepinos. Se cultivan también fresas, flores ornamentales e incluso plátanos, si bien estos no llegan al mercado.
La uva es uno de los cultivos que están empezando a probarse de manera experimental en los invernaderos. Sin embargo, poder producir vino se convierte en algo ya más complicado puesto que la vid necesita una combinación precisa de luz, temperatura, humedad y maduración. Además, los costes de producción serían muy elevados y harían un producto poco competitivo.
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