8 octubre, 2026
Cada vendimia cuenta la historia de un año, y la de 2026 en las bodegas Vicente Gandía será recordada, indiscutiblemente, como la añada de los contrastes. Las condiciones meteorológicas extremas han esculpido una cosecha algo más corta en cantidad, pero que compensa con creces gracias a una concentración y una calidad que los expertos ya catalogan de extraordinarias.
Desde la emblemática Finca Hoya de Cadenas, el Director Técnico de Vicente Gandía, Diego Morcillo, hace un balance sumamente positivo. Para el experto, el potencial de las uvas —tanto blancas como tintas— augura que estos vinos están llamados a ocupar un lugar destacado entre las grandes añadas históricas de la firma.
El ciclo vegetativo de 2026 arrancó con un escenario inmejorable para el campo. Las abundantes precipitaciones registradas durante el otoño y la primavera dotaron a las cepas de las reservas hídricas necesarias. Según explica Morcillo, esta humedad aportó al viñedo «la resistencia necesaria para desarrollar un buen vigor y una masa foliar adecuada».
Sin embargo, el guion dio un giro drástico con la llegada del periodo estival. La ausencia total de lluvia se convirtió en la gran protagonista de los meses previos a la recolección. «El verano fue tremendamente seco, con una pluviometría prácticamente nula», detalla el Director Técnico. Este drástico contraste climático provocó una leve merma en el volumen total de la cosecha, un peaje mínimo a cambio de un fruto de sanidad perfecta y altísima concentración aromática y fenólica, un fenómeno que ya se atisbó en la campaña anterior.
El terruño y la orografía de la Finca Hoya de Cadenas han jugado un papel crucial para equilibrar la sequía. Su altitud ha actuado como un escudo térmico, permitiendo que las uvas blancas conserven su característica acidez. «La altura de la finca nos ha permitido vendimiar las uvas blancas con la frescura necesaria para conservar esa fruta tropical y potente que buscamos», subraya Morcillo.
Por su parte, el impacto de la concentración se ha dejado sentir con fuerza en las variedades tintas, abriendo un abanico de posibilidades enológicas. Las uvas recolectadas presentan una estructura idónea que permitirá a Vicente Gandía elaborar tanto vinos jóvenes, vibrantes y frutales, como vinos destinados a la larga guarda, caracterizados por su finura, elegancia y amplio recorrido en botella.
El balance final no deja lugar a dudas. Superados los retos de un año climáticamente polarizado, el trabajo en la viña ha dado sus frutos. «Estamos ante una cosecha que, sin duda, quedará entre las grandes añadas de la historia de nuestra bodega», concluye Morcillo.
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