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La vendimia desde dentro: 30 días que cambiaron mi forma de entender el vino

6 noviembre, 2026

Jesús Cobos

Tenía la disponibilidad de tener un mes tranquilo y aprovechar para salir de vacaciones. ¿Por qué elegí meterme en la cooperativa en vez de irme a Tailandia con mi mujer?

Es una pregunta que me hacía cuando sonaba la alarma de mi teléfono a las 4:00 de la mañana. No me molestaba levantarme a esa hora, aun con el cuerpo dolorido de varios días sin descanso.

Siempre fui muy curioso, desde niño, muy preguntón y con la pregunta siempre flotando en mi cabeza: ¿Cómo? Siempre me lo pregunto. Tal vez esto sea lo que me ha llevado a vivir grandes aventuras en la vida, tanto personales como profesionales. Esta es mi forma de fluir y conectar con todo. Aquí sale mi actitud ante todo en la vida, la actitud que, insisto, ha hecho que me pasen cosas fantásticas, siempre.

En el mundo del vino me faltaba esta respuesta a mi «¿CÓMO?». Sí, tengo toda la teoría de la elaboración, pero siento que me falta la práctica. Y así fue como acabé enfrascado en esta aventura, la cual ha hecho que hoy tenga un enfoque totalmente diferente al que tenía antes de esta campaña.

Vivir este tipo de experiencias engloba muchos aprendizajes en un periodo de tiempo muy corto.

Aquí no solo se viene a currar, se viene a crear una estrategia junto con tus compañeros para que todo funcione. Obviamente, estas estrategias son fruto de la experiencia de las personas que llevan años trabajando aquí. Y cuando digo años, sí, muchos años. Migue y Berlanga llevan más de 25 años juntos elaborando vino campaña tras campaña. Ellos han visto la evolución y mejora de toda la bodega, algo que, cuando cuentan, yo, con una sonrisa en la cara, vuelo con ellos a esos momentos intentando imaginar cómo era y cómo lo vivían. Toda una fantasía.

Antes de entrar, tuve una llamada telefónica con Berlanga. Iba conduciendo a Valencia con mi mujer de copiloto y este individuo que no conocía en el altavoz del coche. Recuerdo esa conversación, él, muy hablarín, me decía que las campañas son duras, pero que también son muy bonitas y que se pasa muy bien, pero que son duras. Que la idea es apoyarnos entre los compañeros y que de vez en cuando se hacían asados, paellas con todo el equipo. ¡Ya solo por eso tenía ganas de entrar! Soy muy comilón.

Lo que me gustó de esa conversación fue que se sintió real, sin maquillaje. Ahora que he vivido más de 30 días trabajando con ellos sin descansar ni un solo día, entiendo lo que me quería transmitir.

Trabajar en una cooperativa es duro, sí. Son muchas horas, mucha faena y, lo que más, imprevistos. Estos son los más fastidiosos. Nunca, pero nunca hay que pensar en una hora de salida, nunca. Me ha pasado de creer que salgo a las 17:00 y que sean las 23:00 y todavía siga por allí sin haber parado a beber agua. Esos son los momentos en los que hay que tener la mente positiva. Entiendo que, si es de otra manera, nadie lo aguantaría.

Esto es un día, al otro y al siguiente. Durante semanas, insisto, hay que tomárselo con filosofía y muy buen humor, aunque a veces este falte.

El trabajo no es tan físico en sí, es un trabajo de estar atento, de pensar en lo que se está haciendo. Aquí no hay tiempo para estar con el teléfono o sentarse. Una anécdota muy interesante es que yo grabé cada día diferentes procesos. Lo grababa mientras los hacía, de una manera rápida y eficaz, sin perder tiempo. Mis compañeros siempre me decían que nunca me vieron grabando nada de contenido, que alucinaban con los vídeos que subía sin que ellos se enteraran de nada. Hay días que sí grababa con ellos, obviamente, pero no era algo que perjudicara la dinámica de trabajo por mi parte.

Trabajar en una cooperativa es una experiencia que las personas que están en el sector del vino deberían vivir, al menos una vez en la vida. Ahora, con este relato, ya saben lo que hay que dar para llegar a aprenderlo de esta manera.

También he de decir que se gana bastante dinero. Quien quiera saber cuánto he ganado, que me escriba un mensaje y feliz se lo digo.

Siempre se puede aprender algo nuevo, siempre. En una experiencia como esta se adquiere un aprendizaje bastante completo. Desde la parte esencial de la elaboración, pasando por la parte técnica, después por la gestión y organización de todo lo que está pasando, que son muchas cosas al mismo tiempo, hasta entender de verdad qué ha pasado desde que la uva llega a bodega y cómo sale de esta ya elaborada.

Quiero agradecer a todos mis compañeros por cada conocimiento que han compartido conmigo. Espero también haber podido aportar algo.

La cooperativa Nuestra Señora del Milagro, en Los Ruices, será un lugar donde siempre me encantará ir y meter las narices.

 

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