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Descubriendo Cárcel de Corpa: historia, cercanía y alta calidad

29 octubre, 2026

Jesús Cobos

Hoy me adentro en un proyecto que llevo varios meses queriendo conocer más de cerca: Cárcel de Corpa. Desde hace años conozco a Belén a través de FEREVIN, en Requena. Un proyecto también muy chulo para dar a conocer los productos vinícolas de la región. Belén, siempre tan atenta y dispuesta a trabajar, es algo que siempre me ha llamado la atención, ya que no se ve muy a menudo últimamente.

Cuando le escribí para ofrecerle elaborar un artículo sobre su bodega, me dijo que sí con una gran sonrisa, que es lo que la caracteriza.

Llegar a la bodega Cárcel de Corpa, ubicada en El Rebollar, es algo sencillo, y esto lo digo porque hay bodegas en las que hay que meterse bien en el interior. Aquí la tenemos pegada a la autovía A-3. Un lugar muy tranquilo, rodeado de viñedos y naturaleza. Una bodega que no destaca por su gran arquitectura; lo que sí se ve es la entrada, como a un búnker de esos de película del fin del mundo. Esto empieza a prometer. ¿Cómo no me había fijado antes desde la carretera, si paso mil veces por aquí…? Y es cierto que no se ve cuando vas conduciendo.

Belén nos recibe con esa simpatía tan juvenil. Pegando un pequeño empujón a la puerta, entramos a lo que estaba deseando ver. Una bodega muy peculiar, tubular, que se pierde a lo lejos y que dan ganas de llegar hasta el final metiendo las narices donde se pueda.

¿Qué te apetece tomar, Jesús? Café, té, agua… un espumoso. Siendo esta última opción la que, por supuesto, elegí. Con la copa en mano y la boca llena de burbujas, notas de limón, mantequilla, algo salino, ¡empiezan a brotar un millón de preguntas! ¡Sí, soy así! ¡Pregunto como si solo tuviéramos cinco minutos de tiempo! ¡Siempre me pasa!

Ella, tan amable y elocuente como siempre, empieza a contarme sobre la historia familiar, historias que, para mí, bien contadas, te ponen en contexto de dónde pisan nuestros pies en ese momento.

Me cuenta cómo, varias generaciones atrás, su familia ya estaba trabajando las tierras y muy centrada en el vino. En esa época, la región estaba únicamente enfocada en elaborar vino a granel para después mandarlo a otras partes de España. Es algo que, desde que llegué a vivir aquí, he escuchado: los grandes graneles de Utiel-Requena. Pero aquí llega también otro dato curioso que me comparte Belén. Resulta que su padre, todo un visionario para la época, fue el primero en embotellar en 75 cl la variedad Bobal. En la época, un loco; hoy, un genio. Ya que esto marcó el rumbo de lo que hoy conocemos. Fue este detalle el que envalentonó a los demás y decidieron darle un valor diferente a sus vinos. ¡Me encanta!

Después, el papá de Belén, muy joven, junto con su hermano, se vio frente a un desafío enorme, ya que, con la muerte del abuelo, tuvieron que sacar adelante un negocio para el cual todavía no estaban preparados, pero que la vida rápidamente les iba a enseñar a base de esfuerzo. Muy dedicados a la viticultura, algo en ellos también empezó a despertar. En este caso, su proyecto fue lo que vemos hoy al llegar a la bodega: ¡la bodega en sí!

Cierto es que esta misma es la que el papá de Belén desarrolló como proyecto. El hermano tiene otra bodega en el pueblo de El Rebollar.

Esta bodega nos habla de austeridad, pero también de funcionalidad. Imagínate un túnel de metro, muy grande. La parte baja es donde Belén tiene los depósitos de acero. Unos pocos. Esto me dice que la elaboración es en pequeñas cantidades: calidad y no cantidad.

Más adelante, pasamos por una embotelladora y etiquetadora de tamaño pequeño, correspondiente a la cantidad. Más adelante, la sección del túnel se convierte en una sala de barricas expuestas en las paredes laterales. Una maravilla. Es la sensación de pasar por el túnel del acuario de San Sebastián, pero con barricas. Dato curioso: ¡casi todas las barricas nuevas y puestas por Belén, y ella sola! Al estilo de: ¿cómo construyeron las pirámides egipcias? Aquí piensas lo mismo: ¿CÓMO?

Dejarte inundar el olfato y los pulmones con este característico olor de madera de roble es algo maravilloso.

Entre anécdotas sobre el día a día en la bodega, pasamos al fondo de esta, donde encontramos una tienda muy pequeña y cuidada, además de una sala de catas muy espaciosa y muy bien iluminada. Digo esto porque no todas las bodegas entienden la importancia de la iluminación. Además, aquí seguimos bajo tierra, no hay una ventana que haga esta labor.

El proyecto de enoturismo es muy bonito. Ella misma es quien realiza la visita y cata. Cierto es que solo acepta grupos reducidos y con reserva previa. Para Belén es importante el poder de la cercanía y sentir que de verdad está contando su proyecto a un grupo que está interesado en vivirlo y probarlo, no solo probarlo, como a veces pasa.

Belén es todo un libro de historias con patas. Su historia personal es fascinante. Siempre quiso estar relacionada con el negocio familiar. Se enamoró de su marido, de nacionalidad dominicana (¿será que viene de ahí el nombre de uno de sus vinos: El Beso del Negro?). ¡Yo creo que sí! Vivieron muchos años en República Dominicana, cerca de la familia de él. Por supuesto, Belén, allá donde va, tiene que dejar huella. Estuvo trabajando para la marca Ron Barceló, llegando incluso a niveles de gerencia importantes, ¡y todo gracias a su actitud y personalidad! Lo que siempre abre más puertas. He de puntualizar que ella es enóloga y química, por lo que elaborar ron no era algo completamente opuesto al vino.

Después de años, volvieron a España con el proyecto de continuar con el legado de la bodega y ella al mando de todo. Ella y una pequeña alma que se estaba gestando en su vientre.

Ahora aquí, después de varios años al mando de la marca Cárcel de Corpa, dos hijas y un proyecto muy ambicioso por delante.

Belén quiere posicionar la bodega en un nivel alto de calidad. Esto le lleva a tomar decisiones como la marca visual, que sea acorde a lo que quiere embotellar. Algo difícil, pero no para ella después de todo lo que ha pasado.

Como su padre, su abuelo y los que estaban antes, Belén demuestra que tiene el mismo gen pionero de crear y cambiar el rumbo de la región.

Toda una visionaria.

Gracias por abrirme las puertas de tu casa y hablarme de tu historia. Ahora tus vinos ya tienen más matices que solo los organolépticos, tienen historia, y es ahí donde quiero: METER LAS NARICES.

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