14 octubre, 2026
Texto: Pedro Ramírez / Fotos: Vicent Escrivà
En un rincón privilegiado de Teulada, muy cerca del Cabo de la Nao, el mar Mediterráneo y la tierra blanca se funden para dar vida a Celler Les Basses. Este proyecto vitivinícola nace con una profunda voluntad de recuperar el patrimonio histórico y genético que estuvo a punto de desaparecer bajo la presión urbanística y la sustitución por el monocultivo de moscatel para uva de mesa en la Marina Alta.

El proyecto es el resultado del esfuerzo conjunto de varias figuras clave, entre ellas el doctor José María Bolufer, propietario de la finca, David Carbonell, director y elaborador, y Regino Ballester, encargado de la viñas. Carbonell explica que el nacimiento de la bodega se debe al «gran trabajo» de Bolufer recuperando genética antigua alrededor de una finca agrícola datada entre los siglos XVIII y XIX, lugar exacto donde han ubicado la bodega aprovechando su histórico riurau.
Carbonell explica el origen de su fascinación por esta zona costera contrastándola con la tradición del interior de Alicante: «la zona vitivinícola del interior de Alicante y la de la costa son radicalmente diferentes. No comparten las mismas variedades, clima y suelo, pero ambas son tremendamente valiosas». Para él, la esencia de Celler Les Basses se resume en una premisa clara, señalando que «nuestra filosofía es la de ser radicalmente fieles a la tradición vitivinícola de la marina, tanto en sus variedades como también en modos de elaboración muy naturales».

El secreto de la identidad de Les Basses reside en un suelo y un clima muy singulares. Las tierras están compuestas por margas calcáreas de un blanco intenso originadas por sedimentos marinos, lo que define el marcado carácter mineral del territorio. Como resultado, el director de la bodega afirma que «al final son unos vinos muy marinos, muy salinos y muy frescos que pueden estar al nivel de las grandes zonas del mundo». Actualmente trabajan unas 10 hectáreas, siete en la propia finca y el resto en parcelas con suelos ligeramente distintos como los de Xaló.
La filosofía de la bodega se apoya en buscar que el lugar se exprese por sí mismo a través de la mínima intervención, o como apunta Carbonell, dejando «que las cosas ocurran de una forma muy natural». Se permite que la fermentación ocurra de manera espontánea, utilizando exclusivamente levaduras autóctonas. Además, el elaborador es categórico al afirmar que «no utilizamos para nada roble». En su lugar, optan por la crianza en tinajas de barro, argumentando que «para preservar esa identidad fuerte tanto de la variedad como del terruar la mejor manera es realizar crianzas en tinajas».
El trabajo de Les Basses no se limita a hacer vino, sino a devolver al paisaje las genéticas antiguas que pertenecen a su historia. Entre ellas destaca el trapadell, una variedad blanca que Carbonell describe como «prácticamente olvidada y que se acaba de dar de alta además por la generalidad valenciana», a pesar de contar con testimonios escritos desde el siglo XIV. También trabajan con el moscatel del terreno, una uva de genética antigua exclusiva de la Comunitat Valenciana y que, según aclara el director, «no es un moscatel de Alejandría». De grano más pequeño, ofrece en vinificación una marcada acidez y un perfil mineral austero.

Todo este esfuerzo por salvaguardar el patrimonio genético y apostar por la mínima intervención se materializa actualmente en un cuidado portafolio que cuenta con seis referencias. La bodega elabora un vermut, un moscatel dulce, representado por su Moscatell Dolç, y cuatro vinos creados a partir de diferentes variedades autóctonas. Dentro de esta selección de singulares botellas, cuyas etiquetas rinden homenaje a la silueta de las tinajas de barro que los crían, destacan el blanco Moscatell Antic, el Atrapat, el Giró Vell y el tinto Gironet.

David Carbonell resume el propósito de Celler Les Basses con una férrea reivindicación del potencial de su tierra y su herencia. Defendiendo su patrimonio. Carbonell asegura que «los vinos de Alicante por arraigo, por historia, por variedades, por distintos tipos de vinos históricos que tenemos son uno de los grandes vinos del mundo». Sin embargo, lamenta que «al mismo tiempo son uno de los grandes olvidados», motivo por el cual insiste en que «merecen la pena ser disfrutados y ser defendidos y que ocupen el lugar que merecen».
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